Las barbas de Tony Blair

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

02 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

A TONY BLAIR le afeitaron las barbas. Dicen que la mitad de los ciudadanos del Reino Unido estaban a favor de la Guerra de Irak; que muchos ingleses que no estaban de acuerdo con su primer ministro estaban orgullosos de la actuación de sus fuerzas armadas; y que parte del desgaste sufrido en la toma de decisiones había sido compensado por la gallarda actitud ética y política de los diputados laboristas. Pero llegada la hora de la verdad, y aunque se trataba de unas elecciones municipales, los ciudadanos ingleses optaron por pasarle factura a su Gobierno y dejar bien sentado que quien las hace las paga. Para medir el alcance de este correctivo sufrido por Blair hay que recordar que el Partido Conservador, su contrincante, está atravesando una severa crisis de organización y liderazgo, que las decisiones bélicas más polémicas fueron adoptadas por una mayoría plural de conservadores y laboristas, y que, muy lejos del servilismo mostrado por el Gobierno de España, el propio Blair mantuvo una posición digna y equilibrada en su diálogo con Washington. Y por eso cabe suponer que, si los ingleses se tomaron la revancha en contra de una política equivocada, pero digna, muchos españoles van a hacer lo mismo para castigar el posicionamiento de Aznar, la falta de debate interno de la mayoría gobernante, la negativa a abrir vías de diálogo con la oposición, el enfrentamiento con el núcleo duro de la Unión Europea, y la soberbia con que ahora se comentan los acontecimientos de una guerra que puso en pie de paz al 90% de los españoles. Claro que, al igual que Blair, tampoco Aznar va a sufrir el descalabro electoral que sus actos merecen. Porque la oposición de aquí tampoco está sembrada, porque no está claro que la gente esté dispuesta a traducir en votos sus discrepancias singulares, y porque Aznar está volando con las alas que le dimos entre todos. Pero todo apunta a que, con la misma lógica que sirvió para aplicarle a Blair un correctivo electoral más que notable, muchos españoles van a aprovechar las urnas de su localidad para mandarle a Aznar un mensaje certificado y con acuse de recibo, para dejar constancia de que un pueblo culto y avanzado no deja que lo menosprecien y engañen. Mis noticias sobre lo que va a pasar el 25 de mayo son muy escasas, y los antecedentes que manejo sobre lo acontecido en ocasiones anteriores son ciertamente pesimistas para la tesis de este artículo. Pero la insistencia de Aznar en compararse con otros me invita a extrapolar los resultados ingleses y hacer una previsión razonable del castañazo que va a llevar los de aquí. Aunque no olvido, por supuesto, que no vivo en Inglaterra.