LO CUENTA Tucídides en La guerra del Peloponeso : En el año 415 antes de C. el demagogo Alcibiades decide enviar una expedición a Sicilia. Nicias, junto con Lamacus, habría de dirigir las tropas invasoras. Antes de salir, Nicias pronunció un discurso para disuadir a los políticos de tal locura: «Tendríamos que disponer de un armamento mil veces superior al del enemigo, en todos los aspectos. Incluso así, será imposible vencer sin gran menoscabo. Habremos de considerarnos como colonos que, salidos de la metrópoli para fundar una ciudad en un país extranjero habitado por gente hostil, han de dominar el terreno desde el primer día, o verse condenados, en caso contrario, a vivir rodeados de enemigos». Los atenienses asediaron inútilmente a Siracusa. Al cabo, Nicias fue hecho prisionero, y se suicidó para evitar la tortura que le prometían los nativos. La reciente peregrinación de más de un millón de chiítas a su lugar santo Kerbala, cuyo lema principal es yanquis go home (americanos, volved a casa), hace temer que el estado que pensaban remodelar se volatilice y les demuestre que vencer en la guerra es sumamente más fácil que ganar la paz. El peso dominante de los chiítas asusta a los ocupantes, todavía traumatizados por la revolución jomeinista en Irán; mete miedo también a los antiyanquis del mundo, aunque muestren una oculta satisfacción por el hecho de que le tropas invasoras hayan derrocado a Sadam Huseín para que le sucedan islamistas radicales, los chiítas. No sólo preocupa el aspecto político. En el económico, la ilusión de un derrumbe instantáneo del régimen de Sadam Huseín hubiera justificado los cálculos financieros de la invasión. Pero el penoso avance de los angloamericanos precisó de un aumento de 75 millardos de dólares aprobado por el Congreso (que se añadían 304 millardos de déficits presupuestarios para 2003); gastos que corresponden a una guerra corta: el coste verdadero de la operaciones militares, y luego, de la reconstrucción del país, será por lo menos el doble; es decir, que alcanzará un déficit de 650 millardos de dólares. La consecuencia inmediata será la baja del dólar, cuyo efecto se sentirá a medio plazo en la subida pareja de la inflación y de las tasas de interés. Para la economía mundial, la perspectiva de la ocupación prolongada de Irak significa el aumento de la recesión, debido a las tensiones del mercado petrolero y del bloqueo paralelo del consumo y de las inversiones. La economía mundial depende hoy en gran parte de EE. UU, que se encuentra en una verdadera carrera contra reloj. Sólo una reactivación de la actividad puede reducir el déficit financiero. Desde hace meses, Alain Greespan, presidente de la Reserva federal ( FED), pensaba que la debilidad de la economía americana procedía ante todo «de la preocupación ligada a la situación política», y que cuando se terminase la guerra su país emprendería un crecimiento constante. Si estos momentos difíciles se prologan (la ocupación de Irak, el inicio posible de otras cruzadas en Oriente Medio, las consecuencias de la neumonía atípica) se reducirán el consumo y las inversiones, es de temer que el aumento inevitable de las tasas de interés para financiar el déficit, sostener el dólar y atraer capitales, frene el crecimiento por mucho tiempo. La volatilidad de la opinión americana pronto pesará, junto con la situación económica, en el aspecto político, y puede situar a la administración de Bush, a los halcones de la Casa Blanca, en una situación tanto más difícil que estamos como quien dice en vísperas de la elección presidencial de 2004.