CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
01 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¿QUÉ se necesita para ser feliz? Eso preguntaba el escritor Millás para que le enviasen relatos a la radio. Los envíos demuestran que todos llevamos un escritor dentro. Alguien escribió la delicia que sigue: «12, 16, 21, 36, 42, 44 y complementario, 7». Una adolescente no pudo ser más ansiosa: «Que termine de bajar el disco de Avril Lavigne». Otra no pudo ser más realista: «Que mi hermana se case y se marche de casa, así me quedo con la habitación para mí sola». Está el ambicioso: «Yo, para ser feliz, no necesito un camión, quiero dos». O la filósofa: «Adoro quedarme siempre a un paso». Me pareció una feliz idea y me animé a preguntarle a los amigos qué necesitaban. Hubo de todo: la Primitiva, un güisqui de 24 años, cigarrillos, perder el móvil, a la gente, una rubia, un moreno, que no le pase nada a mis hijos, que mi marido no vuelva a casa, que haga día de playa, salud... Después de oír la última genialidad de Sofía Mazagatos («sigo mucho a Vargas Llosa, aunque no he leído ninguno de sus libros»), me encantaría preguntarle qué necesitaría para ser feliz. Seguro que la respuesta es imponente. Piensen ustedes qué precisan y pregúnteles a sus amigos. Ayuda a reflexionar, a quedarnos con lo esencial. cesar.casal@lavoz.es