EL CONCELLO de Vigo acaba de poner una placa en honor de una viguesa de adopción a la que, allá por los últimos años veinte, se le atribuye la condición de primera médica de Galicia. Supongo que los que sabemos que tal aseveración es falsa, y además peinamos canas, recordaremos inevitablemente los viejos tiempos de los récords del franquismo. Cuando por entonces se inauguraba un pantano, apenas importaba la utilidad que reportara a los vecinos de la zona, sino que lo significativo radicaba en que era el pantano más grande de Europa. Si no tal, cuando menos el de las aguas más limpias del continente. O el que tenía los aliviadores de mayores dimensiones del Mediterráneo, o alternativamente del Atlántico. Mal servicio se presta al recuerdo de Olimpia Valencia, la homenajeada, con esta trampa para presuntuosos. Con méritos propios y sin adornar su memoria con plumas ajenas, esta médica, que fue la primera que ejerció en Vigo, ya se hacía acreedora al recuerdo. Medio Vigo de su tiempo nació al cuidado de esta ginecóloga, que fue una mujer progresista, con una vida extraordinariamente interesante, sobre todo por cuánto y cómo se volcó en los demás. Es probable que una de las fuentes para cometer el error sea la novela de María Xosé Queizán Amor de tango , gran obra ambientada en Vigo, en la que se mezclan personajes reales con otros de ficción. Pero una novela no es un documento notarial. En ningún trabajo de investigación se concluye que Olimpia Valencia fuera la primera médica gallega. Ni siquiera cuando estudiaba se comentó en ningún momento que fuera la primera universitaria gallega que optó por esta especialidad, y eso que aparecía con frecuencia en los periódicos, tanto por su condición de excelente estudiante como porque interpretó alguna que otra pieza teatral. Por si fuera poco, en investigaciones sobre historia de la medicina gallega se dan no una sino varias profesionales que empezaron a ejercer antes de que lo hiciera Olimpia, poco después de terminar sus estudios en 1925.