«Nik estatik erderaz»

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

22 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«SI ALGÚN español te pide limosna, levanta los hombros y contéstale, aunque no sepas euskera: Nik estatik erderaz (Yo no entiendo el español). Si algún español recién llegado a Bizcaya te pregunta dónde está tal pueblo o tal calle, contéstale: Nik estatik erderaz . Si algún español que estuviera, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: Nik estatik erderaz» . Quien, el 30 de junio de 1895, escribía esa perla inigualable se llamaba Sabino Arana y Goiri, padre ideológico y fundador del PNV. Un sujeto de cuidado. Poco antes de exponer su versión nacionalista de las obras de misericordia, mostraba don Sabino la fuente nutricia -el odio a España- de su alma truculenta: «El odio cordial que profesamos a España se funda en el amor igualmente vivo que tenemos a Euskaria, nuestra patria». Un odio, el de Arana y el de los que con él fundaron su partido, nacido de la convicción de que la España liberal destruiría el país tradicional imaginado por ellos en su delirio historicista: España, «la nación más degradada y abyecta de Europa», quería implantar en Euskaria «una sociedad impía, ávida de placeres, cuyo único objeto es descatolizar y desmoralizar al pueblo euskariano, convirtiéndole en plantel de chulos y toreros». Un odio, en fin, que no podía acabar sino donde acabó: en el racismo antiespañol. «La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español, inexpresiva y adusta. El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar, o si es apuesto, es tipo femenil. El bizkaino es inteligente y hábil; el español es corto de inteligencia. El bizkaino es laborioso, el español perezoso y vago; el bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser señor; el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo». Ponga el lector la palabra ario donde Arana dice bizkaino y judío donde Arana habla de español y tendrá, sin mucho esfuerzo, una dimensión real de la basura ideológica que cimentó la aparición del nacionalismo sabiniano. Sin abandonar nunca del todo sus orígenes, la historia reciente del PNV desde su legalización hasta la firma del pacto de Lizarra, fue la de su lucha por evitar que ese legado vergonzoso le impidiera actuar como una fuerza democrática, en una sociedad laica que entendía intolerable cualquier clase de racismo. Y lo cierto es que el PNV acabó dando pasos de gigante en esa línea de moderación y modernización. Los mismos que lleva dando desde Lizarra para acá en el camino que lo conduce irremisiblemente a volver a sus orígenes. Lo del Aberri Eguna del domingo ha sido un triste, dramático y desasosegante paso más en esa terrible dirección.