Da la risa

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

LES HACE gracia. Les entra la risa floja. Dicen que estamos casi en guerra con Madrid, pero lo afirman entre sonrisas; aseguran que somos un pueblo del Neolítico, pero distribuyen sus delirios por Internet; sostienen que el Estatuto y la Constitución son una carta otorgada, pero gobiernan gracias a ambos y en ambos se apoyan para organizar el pesebre. Sueltan palabras de fragmentación, se ponen el rótulo de víctimas y dicen que el nacionalismo es mayoritario en el País Vasco. Vamos por partes. En el País Vasco no estamos casi en guerra, más bien hay unos que matan y otros que son asesinados ordenadamente y sin posibilidad, gracias a la democracia, de responder con la misma moneda. La democracia impide la guerra. Cuando ha habido guerra, entre 1936 y 1939, los soldados nacionalistas vascos del PNV se entregaron con armas y bagajes a las fuerzas fascistas de Mussolini. Cuando ha habido guerras, pongamos las carlistas, los que podrían situarse como más cercanos a lo que hoy es el nacionalismo fueron reiteradamente derrotados. La guerra no suele dar la risa, pregúntese a las víctimas. Esta idea de que hay pueblos que vienen del Neolítico y otros, en casi idéntico ámbito geográfico, que surgieron ayer, es una melonada que se explica por sí sola. No sé, ¿los gallegos son posteriores? Los que residen en el Levante, ¿de cuándo son? Qué decir del yacimiento de Atapuerca. ¿Neolítico?, ¿cuándo?, ¿por la mañana, o por la tarde? No hay precedentes históricos que desmientan la certeza de que nunca como ahora la comunidad autónoma vasca gozó de semejante nivel de autogobierno, de tamaño poder político y económico. Cuando se dice que la mayoría del País Vasco es nacionalista, ¿a qué nos referimos?, ¿a la actual comunidad autónoma? Porque, datos cantan, si hablamos de la Euskal Herria de los nacionalistas vascos (Comunidad Autónoma Vasca, Comunidad Foral Navarra y País Vasco Francés), los nacionalistas vascos son minoría evidente, pero muy evidente. Es decir, que el deliro, si se cumple, que no se cumplirá, supondría poner a los nacionalistas vascos en minoría. Con la actual configuración, lograda gracias a la Constitución española, gobiernan, amasan poder político y económico, forman un régimen -fuera del cual hace frío-, y encima lubrican su hegemonía con los asesinatos de ETA a los constitucionalistas. No sé, quizá deberían mirar, aunque sea de soslayo, a la en otro tiempo tan cacareada experiencia de Canadá. Allí, las fuerzas que no quieren la segregación acaban de derrotar, de vapulear, por mayoría absoluta a los que ya perdieron antes los referendos convocados y que a base de insistir en el monotema han conseguido aburrir al respetable. De risa.