ESTE Aberri Eguna puede resultar especialmente significativo dado que a las amenazas secesionistas habituales del máximo jefe del PNV se suman las del mismo representante institucional de la comunidad autónoma vasca, Ibarretxe. El Aberri Eguna o día de la patria vasca fue un invento que, desde 1932, conmemora públicamente la revelación mística que tuvo el fundador del nacionalismo vasco y de Euskadi , Sabino Arana, el 9 de abril de 1882, domingo de Pascua. En efecto, a diferencia del caso irlandés, en que se celebra una fecha histórica, en el caso vasco la cuestión es más mítica y subjetiva. Así, se conmemora asociando sectariamente a una fiesta móvil astronómica, como es la cristiana de la Pascua de Resurrección, el nacimiento nebuloso en la atormentada mente de Sabino Arana de la idea nacionalista como una superación del carlismo que habían profesado él mismo y su familia. El carlismo y su idea foral para toda España deben morir para resucitar en la forma nacionalista y traer su mensaje de renovación a todos los vascos (y vascas): si el carlismo era un modo de recuperar la integridad de sus primitivos fueros medievales amenazados por la triunfante revolución liberal, al fracasar el carlismo, en vez de preocuparse por el resto de España, lo mejor era luchar por otros medios para alcanzar esa identidad caracterizada por el integrismo religioso, la conservación de los privilegios de la aristocracia rural desestabilizada por la industrialización, el vascuence y la raza. Dejemos, pues, a los impíos españoles su liberalismo y nosotros a conservar lo nuestro. Tras la vuelta a la normalidad democrática en España, el PNV abusa del régimen de libertades para imponer coactivamente su sistema retrógrado para los vascos (y vascas) y preocupa a todos los españoles de buena voluntad que ven amenazada su paz, cuando no su vida misma, con tanta irredenta carcundia.