La Europa necesaria

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EN EL MARCO adecuado, la Acrópolis de Atenas, 25 jefes de Estado de la vieja Europa firmaron el compromiso de hacer juntos su viaje por la historia. Desde ayer mismo, o desde el 1 de mayo de 2004 para los juristas, 460 millones de europeos tenemos que hacer nuestros difíciles deberes con el gran aliciente de saber que desde lo más alto del Partenón -con el recuerdo de Fídias, Kalíkrates, Pericles, Ictinos y Sócrates- veinticinco siglos nos contemplan. Dicen los expertos que la Europa de los 25 no nace en su mejor momento, y que no va a ser fácil crecer con eficacia en un marco económico desigual y sobre un galimatías administrativo y político que nos recuerda la torre de Babel. Pero yo creo que no hay mejor momento para nacer que una mañana de abril en la que se visualiza el corte con una dinámica de guerra y la conexión con lo que Chirac calificó como «el más vasto proceso de integración jamás vivido». En todos los discursos pronunciados ayer se dejó traslucir la idea de que la Unión Europea no es una opción, sino una necesidad, y que de nuestro acierto y esfuerzo depende el logro de un mundo en el que los valores de la solidaridad, el bienestar y la democracia se impongan a los que siguen creyendo que la guerra también es política, y que las naciones se destruyen y reconstruyen a base de golpes, egoísmo, fast food y dinero. Movido por el hecho, impresionado por el escenario y carcomido por el recuerdo de su juego a dos bandas, el mismo Tony Blair se sintió obligado a volver al redil de la vieja Europa -la nueva no existe- para afirmar solemnemente que «cualesquiera que sean las diferencias de la UE, estos son los valores que compartimos, los valores de los seres humanos en cualquier parte del mundo», y nadie quiso disimular la sensación de que la conexión escénica y cultural con la primera democracia del mundo nos obliga a reconducir el tortuoso camino de enfrentamientos y divisiones que, después de alumbrar veinticinco Estados diferentes, sobre la base de millones de muertos, estamos a punto de reencontrarnos bajo el sencillo paraguas de la libertad, la belleza, la independencia y el esfuerzo común. También fue un acierto escoger el día de ayer para proponer un pacto de coordinación para los cuatro países de la UE que están presentes en el Consejo de Seguridad. Y hasta Silvio Berlusconi se sintió obligado a decir lo que todos presienten como inexorable: que la Europa de los 25 hable con una sola boca y una sola mentalidad en los foros internacionales. La tarea es dura y los problemas infinitos. Pero nadie se atrevió a dudar de Europa a la sombra de la Acrópolis. Porque sería como decirle que no al mismísimo Pericles.