Más pronta la victoria, más grave la derrota

OPINIÓN

05 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

COLOQUÉMONOS EN la posición de quienes sufren directamente la guerra contra Irak. Sí, en la de los civiles iraquíes y los soldados de ambos bandos. Llegada la guerra al punto en que ha llegado y pensando en todos ellos, ¿qué es lo menos malo que podría suceder? Pues que la guerra se acabe cuanto antes: es decir, que el ejército angloamericano derrote, mejor mañana que pasado, a las tropas de Sadam. ¿O alguien duda todavía de que solo su derrota pondrá fin a esta carnicería intolerable? Hace cuatro o cinco días ese objetivo parecía muy lejano: «las tropas aliadas -se nos decía- están atascadas en los alrededores de Bagdad y su toma se demorará varias semanas». Pero, de pronto, todo parece haber cambiado: «nuestros blindados entran y salen cuando quieren de Bagdad», afirman ahora plenamente convencidos los mandos del ejército aliado.Aunque en esta guerra de desinformación es difícil saber donde acaba la mentira y donde empieza la verdad, lo cierto es que ayer nos fuimos a la cama con la idea de que, en efecto, de seguir así las cosas, Bagdad caerá muy pronto y, con ella, en dominó, la deslabazada resistencia de los soldados iraquíes. Lo que, de suceder así, será una noticia muy mala y muy buena al mismo tiempo. Muy buena, claro está, porque con la derrota de Sadam, además de caer su ominosa dictadura, se extinguirá también (es de esperar) un conflicto militar que nunca debería haberse producido. ¡Dios nos libre si la desaparición de cada una de las muchas dictaduras criminales que pueblan el planeta hubiera de hacerse al precio altísimo pagado por la derrota de la satrapía de Sadam! Pero la confirmación del final de la guerra contra Irak sería también una malísima noticia. Sí, sí malísima, pues confirmaría con una evidencia incontestable la falta absoluta de los motivos que supuestamente habrían justificado la invasión angloamericana: el grave peligro militar que suponía para el mundo la dictadura de Sadam.¿Grave peligro militar? ¿Dónde se ha visto? Por el momento, en parte alguna: se ha visto, sí, a puñados de soldados mal armados convencidos de que la fe en su dictador o en su país podría frenar el avance aplastante del ejército aliado. No parece que lo que hemos podido conocer hasta la fecha demuestre nada más que lo que ya era bien sabido: que los servidores de Sadam son un peligro únicamente para los indefensos iraquíes. ¿Justifica la eliminación de ese peligro la intervención angloamericana? Ese será, si las previsiones actuales acaban por cumplirse, el gran debate posterior a una victoria militar que muchos considerarán una derrota de la razón en toda regla.