La alarma francesa

OPINIÓN

DESDE QUE empezó la guerra de Irak, el presidente Jacques Chirac busca, con cautela y habilidad, un nuevo papel relevante para Francia, especialmente perceptible en su interés por situar la reconstrucción de Irak bajo la autoridad de la ONU. En este propósito insiste la diplomacia gala con su habitual tesón. Sin embargo, la alarma cundió el pasado martes al conocerse un sondeo sobre los franceses y la guerra, muy adverso para EE. UU. París se dio cuenta de que las cosas estaban yendo demasiado lejos y el primer ministro Jean-Pierre Raffarin condenó sin paliativos «todas las formas de manifestación de antiamericanismo». El propio Chirac fue aún más lejos al afirmar este miércoles que «franceses y americanos están en el mismo barco» y que «los americanos son nuestros aliados y nuestros amigos». Por si quedaban dudas. ¿Tan alarmante era la encuesta de Ipsos para Le Monde y TF1? Realmente sí. Y no tanto por el 78% de los franceses que desaprueba o condena la guerra (un porcentaje inferior al 90,8% registrado en España) sino por el 25% que dice sentirse más cerca de Irak que de los aliados y el 33% que no desea la victoria de Estados Unidos. Chirac y Raffarin se apresuraron a intervenir: Francia puede discrepar de la coalición bélica, pero no quiere «la victoria de la dictadura sobre la democracia». Hasta ahí podría llegar la pragmática ira francesa. Chirac desea el mayoritario apoyo popular del que disfruta, pero no quiere acabar recogiendo tempestades incontroladas de antiamericanismo que le impidan lo que ya ha empezado a promover: la vuelta de todos a casa (al Consejo de Seguridad, al fortalecimiento de la UE, etc.) y la presencia de Francia en el negocio de la reconstrucción posbélica. Llegó el momento de apearse del tigre del antiamericanismo, entre otras cosas porque la guerra puede acabar pronto y coger a Francia descolocada. El anunciado giro de París está en marcha (el encuentro Villepin-Powell de ayer en Bruselas lo anticipa). Y que nadie lo dude: estará bien argumentado. Es la esencia de la política francesa.