Réquiem imperial

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

LOS ACONTECIMIENTOS en Irak no parecen discurrir según el guión oficial diseñado por Bush y sus mesiánicos asesores. La resistencia iraquí es más tenaz de lo previsto, a la misma se incorporan históricos opositores a Sadam y las tropas angloamericanas son consideradas, con razón, un ejército de ocupación. Todo ello está produciendo un profundo desconcierto en los medios políticos y militares que dirigen la guerra en Irak. Creyeron que serían recibidos como libertadores frente al mezquino despotismo que intentan reemplazar. Por supuesto, ese juicio derivaba más de la prepotencia que de un análisis sereno hecho a la luz de la perspectiva histórica, corroborando una vez más que, en estas cuestiones, la experiencia no logra competir con el prejuicio.Cuando el gobierno norteamericano anuncia en plena guerra que el régimen de Sadam Huseín será sustituido por un gobierno presidido por un general y compuesto exclusivamente por ciudadanos estadounidenses, pura y simplemente nos devuelve al viejo sistema colonial, bajo el cual el poder imperial gobernaba con sus propios hombres y respaldaba el gobierno con sus propios soldados o con soldados sometidos a su disciplina.Semejante orgía de poder y voluntad de dominación perturbarán sin duda el orden internacional y provocarán --como ya está sucediendo en Irak- muerte, horror y devastación sin límite. Pero a medio plazo tal ambición fracasará. En primer lugar, porque la locura desencadenada por Washington encuentra la cerrada resistencia de una de las más poderosas fuerzas de nuestra época: el deseo de independencia nacional. Infringir ese deseo es tocar el más sensitivo de los nervios políticos, representa enfrentarse a la determinación resuelta y universal de las personas, en todas partes, de gobernarse a sí mismas.Al mismo tiempo, la demencial estrategia de la administración Bush está convirtiendo a EE. UU. en el principal generador de tensiones y conflictos internacionales. Son numerosos los dirigentes y analistas norteamericanos que comparan el actual proyecto de Washington con el expansionismo pangermánico de Guillermo II antes de 1914. El kaiser también tenía ambiciones geopolíticas irrealizables y una estrategia preventiva para tratar con sus adversarios. El resultado de esa política fue crear enemigos más rápidamente de los que podía eliminar, aunque entonces Alemania poseía la máquina militar más eficiente y poderosa del mundo.Washington está a punto de alcanzar esa situación. Un grave incendio social recorre el mundo árabe y musulmán desde Rabat a Yakarta, las relaciones trasatlánticas atraviesan el peor momento desde 1945 y en potencias como Rusia o China se ha instalado un peligroso estado de alarma.Pero, sobre todo, la estrategia norteamericana fracasará porque es radicalmente contraria a los valores y a la conciencia de nuestro tiempo.Como afortunadamente se ha demostrado a lo largo de los últimos meses, centenares de millones de ciudadanos parecen dispuestos a defender los valores democráticos y a entonar un nuevo réquiem imperial. Amén.