LA CONVOCATORIA oficial de las elecciones del próximo 25 de mayo llega en un mal momento. De forma especial para el PP. La invasión de Irak va mal. El Prestige continúa en el fondo del mar, sin solución. Las calles españolas viven en una agitación descontrolada. Y las encuestas se pronuncian con rotundidad. Que la guerra es un fracaso lo reconoce ya hasta el Telediario de la Primera. La estrategia militar norteamericana tiene gran similitud con la política de José María Aznar. Parece trazada por el enemigo. Nos habían dicho que la invasión era cuestión de días. Que los iraquíes se lanzarían a la calle a vitoriar a las tropas angloamericanas. Y ahora hablan de que lo peor está por llegar. Que habrá miles de víctimas. Admiten que el conflicto puede prolongarse hasta el verano.La estrategia del Gobierno, tanto en la catástrofe del Prestige como en el absurdo conflicto bélico, ha seguido el mismo esquema. De error en error. De espaldas a la sociedad. Gobernando contra el 91% de los ciudadanos que se opone a la guerra. Y contra el 70% de los gallegos que reclamó dimisiones por la gestión del petrolero. Gobernando en una trinchera desde la que no se llega a ver la realidad del país.Los populares no dudan de que si las elecciones se celebrasen hoy, perderían el poder. Quizás por eso, Mayor Oreja, en un ejercicio de agitación que no debe repetirse, ha alertado ya de que si el PP pierde, peligra la unidad de España. No enturbiemos más la convivencia. No utilicemos la campaña electoral para ahondar en la crispación. Si los populares salen derrotados de las urnas será por una decisión libre y democrática de los españoles. Será, como dijo el inglés Chesterton, porque desde la aurora del hombre, todas las naciones han tenido gobiernos y todas, en algún momento, se han avergonzado de ellos.