Marcado para la historia

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

Si bajamos la vigilancia, y si no les echamos en cara el contubernio de Azores, Blair y Aznar abandonan a Bush y se cambian de bando, y, como si esta guerra no fuese con ellos, nos empiezan a explicar el papel que debe jugar la ONU en la distribución de ayuda humanitaria y en la reconstrucción de Irak. Poniendo cara de bueno Una de las imágenes más repugnantes que rodean esta guerra de Irak, a salvo de la guerra misma, es la imagen de Tony Blair jugando a dos barajas: belicista y temerario cuando creía que la agresión se iba a resolver con un paseo militar, y europeista, con cara de niño bueno, al ver las consecuencias de una estrategia torpe y anticuada que le llevó a enfrentarse con la UE y con la ONU. Sin ellos no habría masacre Lo que quieren Aznar y Blair es salir de ésta como si nada. Mientras creyeron que iban a dar un paseo militar, para asustar a un pueblo hambriento y dividido, sus palabras eran responsabilidad, coraje y lealtad con América. Ahora, cuando ven la gran chapuza, quieren que su historia se parezca a la de Chirac y Schröder, sin recordar que una Europa unida hubiese evitado la tragedia. El gran papel de la memoria Los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla. Es importante saber y recordar quiénes fueron y qué argumentos usaron los hombres y los partidos que nos llevaron a la guerra y a dar la espalda a la paz y a Europa a cambio de un pelotazo petrolero. Porque, si las biografías de Aznar y Blair esconden la crudeza de este episodio, no estamos libres de que se repita. El pueblo escribe la historia También se dice que la historia la escriben los vencedores. Sólo así se explica que los tres misileros de la isla Terceira confíen aún en darle la vuelta a la imagen de la tragedia, hasta borrar el rojo color de la sangre con el negro del petróleo. Estamos en la era de la globalización y de Internet, y esta historia van a escribirla los pueblos. No habrá piedad para los que huelen a pólvora. Estar y no estar al mismo tiempo Tampoco es de recibo la amnesia de Aznar, que, si primero se fue de guerrero a la isla Terceira, ahora va de campeón humanitario. No se da cuenta de que, si tan terrorista es el que apoya al asesino como el que aprieta el gatillo, también la sangre de Irak la vierten, más que los soldados de Bush, los que jalearon el golpe contra la ONU para sustituirla por los bombardeos.