Aprender en manifestación

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

29 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA VIDA ES un libro abierto y la experiencia es la madre de la ciencia. Pero solo para descubrir el grado de maldad al que podemos llegar. Todo lo creativo que tenemos, el desarrollo, la ciencia, la cultura y las instituciones complejas se lo debemos a la dura investigación sistemática, a la refutación de las falsas teorías, al descubrir la verdad más allá de las apariencias y de los intereses sectarios. Ni la ciencia ni el dominio de la complejidad son ámbitos democráticos. No nacemos con los genes del conocimiento infuso. Para eso debiera servir todo el sistema de enseñanza, investigación y desarrollo del capital intelectual social. Pero ahora algunos rectores nos descubren una forma fácil y divertida para nutrirnos del árbol de la ciencia. Dicen que las manifestaciones son la madre del conocimiento. Retornan al Celaya de «a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que pues vivimos anunciamos algo nuevo». Maravilloso. Lástima que estemos de vuelta de ese viaje. Antes de la caída del muro de la mentira en 1.989 se podía tener fe en cualquier cosa. Después todo fue alucinado descubrimiento de la gigantesca estafa que habían sido las ideologías de cambio en la Europa del siglo XX. Pero en España no hemos procedido a ninguna revisión histórica a fondo. Es muy duro reconocer que uno vivía en el error. Porque si uno estuvo equivocado en el pasado ¿qué garantía tiene de no errar en el presente? Lo mejor es seguir la estrategia de la Iglesia católica, atribuir infalibilidad al líder y al que se aparte del guión, excomunión. En el mundo secular su equivalente es el ostracismo, la acusación de renegado, traidor y vendido al enemigo. Lenin, Stalin, Goebbels, Mao, Castro, Saddam Hussein, y los Grandes Hermanos de turno dominaron el oficio a la perfección. Orwell fue quien mejor los retrató.Es muy peligrosa nuestra actual desculturización. El otro día me decía un grupo de estudiantes de económicas que los americanos estaban haciendo la guerra por el petróleo iraquí. Cuando les pregunté las fuentes de sus lecturas no mencionaron ninguna. Daban por hecho, sin comprobación de su conjetura, que eran una banda de cuatreros capaces de masacrar por un dinero no cuantificado. A este tipo de crueldades puede conducir el elogio de la manipulación. Quizás si fueran a una manifestación, allí les ilustrarían sobre la verdad del complejo mundo petrolero. Aunque podría ser que todo acabase con una proclama llena de maldades interesadas, recurriendo a sus odios, frustraciones y complejos. Donde los adularían como los buenos de la historia, como los héroes que se enfrentan a los asesinos del mundo.Estamos acabando con la salud mental de nuestros jóvenes, convirtiéndolos en mala gente. Entre la torpeza de unos y el fanatismo de los otros los llevaremos al precipicio de la irresponsabilidad, del vacío intelectual, de la mediocridad y de la inseguridad en sí mismos. Prestos a venderse en el futuro a bajo precio. Todo para que las élites del poder sigan con su juego de vanidades ridículas hacia ninguna parte. Basta ya, dejemos las calles vacías por un tiempo, volvamos al estudio, a los seminarios, al debate solvente y desinteresado, a la búsqueda empecinada de la verdad. Y no prejuzguemos los resultados. A lo mejor después tenemos que cambiar el sentido de las manifestaciones.