Crispación

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

CORREN malos tiempos para el diálogo. Y para el entendimiento. Para la convivencia pacífica. O lo que es lo mismo, estamos perdiendo los nervios. Y el control de la situación. Estamos crispados. Lo cual es de una gravedad altamente preocupante. Los ataques a las sedes del PP, la agresión al catalán Alberto Fernández, los abucheos a dirigentes populares, los graves incidentes callejeros, las violentas cargas policiales, los daños y destrozos en el mobiliario urbano, el cuestionamiento de la Monarquía, el cruce de acusaciones de la clase política y las páginas web donde se califica de asesinos a los diputados populares, es el estremecedor balance que se puede hacer en los últimos días de las acciones de oposición en España contra la devastación de Irak.Todos sabemos que la violencia engendra violencia. Todos sabemos que existen descerebrados incontrolados que activan su estrategia cuando se les presenta la ocasión. Todos conocemos a los profesionales del caos. Pero, precisamente, quienes estamos contra la invasión de Irak, detestamos tanto ésta como el rosario de incidentes.Y ante él, las fuerzas políticas están actuando con una irresponsabilidad incomprensible. Todas. Sin excepción. No es momento de caldear más el ya enrarecido ambiente social. Y, sin embargo, parecen empeñados en actuar al margen de la racionalidad y del sentido común.Es cierto que nunca en los últimos años, el pueblo español se ha manifestado de forma tan contundente y rotunda contra una decisión gubernamental. Pero se hace imprescindible recuperar la normalidad. Es demasiada crispación para una sociedad que ha dado sobradas muestras de su pacifismo. Y esa tarea la tienen quienes ejercen responsabilidades. Sólo a ellos corresponde, antes que a nadie, devolver a este país nuestro a la normalidad.