CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
25 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ESCRIBO sobre el pie destrozado de la niña de Basora, la fotografía que dio la vuelta al mundo. La niña está en brazos de su padre. Escribo sobre tinta roja, la tinta roja de la sangre de la niña. Menos mal que los objetivos eran selectivos, pero una guerra es una guerra. Ése es el lío en el que nos hemos metido. ¿Cómo pueden sorprenderse los americanos de que haya rehenes? Habrá más, rehenes, mutilados, muertos, secuelas psíquicas y físicas, otro Vietnam aunque haya victoria. Es una guerra de invasión, no un paseo militar. Hay que ir allí, entrar y echar a los que estaban. La niña en brazos de su padre lo dice todo. Tiene sus ojos cerrados, duerme, está muerta, son los ojos cerrados por la pesadilla del dolor. La pierna izquierda está manchada de sangre, la cara salpicada de sangre, la mano, enfundada en sangre, la sangre del pie derecho que ya no existe. Es despreciable. Obsceno. Cómo se puede mencionar a Dios en todo esto. Eduardo Galeano recoge en un artículo unas palabras de John Le Carré en otra guerra que se pueden aplicar hoy a las familias americanas. Un niño le pregunta a su padre:-¿Van a matar a mucha gente, papá? -Nadie que conozcas, querido. Sólo extranjeros.cesar.casal@lavoz.es