El consuelo

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

24 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA GUERRA de Irak comenzó el domingo. Y se recrudeció ayer, lunes. La guerra comenzó cuando la cadena de televisión Al Yazira mostró los cadáveres de soldados aliados, y a los cinco prisioneros norteamericanos, llorosos, temblorosos y presos del pánico. Las guerras no existen hasta que se hacen visibles los cadáveres que va dejando como saldo. Los países que han comprometido su apoyo a Estados Unidos, o lo que es lo mismo, las grandes potencias como España, Etiopía, Afganistán, Azerbaiyán, Georgia, Albania y Eritrea, entre otras, se habrán dado cuenta, al fin, de que todo conflicto bélico, por muy desigual que se presente, siempre tiene un coste en vidas humanas que resulta inaceptable. Y aunque no debiera por qué resultarles más dolorosas las imágenes de los prisioneros estadounidenses que la del padre iraquí que sostiene impotente a su hija herida por daños colaterales, sí les afecta.La sociedad norteamericana no soporta ver cadáveres. Los suyos. Cree que ocultándolos las cosas van mejor. Ocurrió en la guerra del Golfo, en la devastación de Afganistán y en el ataque terrorista a las Torres Gemelas . Ni un muerto. Desde Vietnam, la Administración estadounidense ha tenido como norma la ocultación de sus víctimas. Hasta que en Irak, Al Yazira ha mostrado con toda su crudeza los horrores de la guerra. Y entonces, cunde el pánico. El halcón Donald Rumsfeld acusa al enemigo de violar la Convención de Ginebra por tratar cruelmente a sus soldados. Ahora resulta que es el único que consideraba a Sadam Husseín un caballero.Menos mal que, entre tanto espanto, siempre encontramos un dato para la ilusión. Ana Palacio, que merecería un Óscar a la coherencia, celebra que gracias a la guerra hayan subido las Bolsas y bajado los precios de las gasolinas. Todo un consuelo.