El norteamericano New York Times señala que «algunas guerras comienzan con una explosión, que otras comienzan con ataques aéreos limitados o con movimientos sigilosos en la frontera y operaciones psicológicas para debilitar la resistencia del enemigo. Esta guerra ha comenzado de ambas formas. Las explosiones principales fueron ataques con misiles de crucero desde el mar Rojo y el golfo Pérsico (...) en un aparente esfuerzo por decapitar el régimen de Sadam Huseín (...) Pero incluso antes de que tuviera lugar el ataque contra Bagdad, la fase final de la preparación para la guerra se puso en marcha. Incluyó ataques artilleros, una gran campaña de operaciones psicológicas y el posicionamiento de tropas de infantería en la frontera entre Irak y Kuwait». El autor del texto, un experto en asuntos militares, afirma que «se han limpiado posiciones artilleras, bases de misiles y de radar en el sur y se ha sembrado el país de pasquines y folletos invitando a civiles y militares a rendirse. Bagdad será bombardeado con mucha más intensidad que en 1991, en un plan llamado C onmoción e intimidación» . Estas operaciones «servirán para minimizar las bajas en el avance por tierra hacia la capital», que se considera inminente. El editorial de L'Orient-Le Jour, de Beirut (Líbano), que es uno de los rotativos más influyentes de Oriente Próximo, es inequívoco. Al titular, «Animales guerreros», le sigue este párrafo: «Sí, ¡por todos los diablos del infierno geopolítico!, ese hombre es esencialmente maligno y debe dimitir. Su megalomanía, su colosal ejército, sus gigantescos almacenes de armas de destrucción masiva en los que ningún inspector de la ONU ha podido entrar, constituyen una amenaza para todo el planeta. Ese hombre miente tanto como respira y se burla del mundo. Sí, es George Bush (...) Una calamidad para la humanidad, incluidos los americanos». El rotativo beirutí, cuya línea editorial es crítica con los fundamentalismos místicos -incluidos los de raíz musulmana-, también denosta la actitud seudorreligiosa de Bush, recordando con ironía la costumbre del tejano de apelar a Dios en casi todos sus discrusos políticos: «Del choque de civilizaciones que nos anunciaron incluso antes del atentado antiamericano contra las Torres Gemelas, el jefe de la Casa Blanca sólo se ha quedado con la versión más primaria». «Sadam Huseín es el objetivo del ataque», señala la crónica principal del periódico argentino Clarín, firmada por su corresponsal en Washington, Ana Barón, quien afirma que, para ello, «la estrategia militar que Washington puso en marcha anoche en Irak es mucho más parecida a la de la invasión de Panamá en 1989 que a la de la primera guerra del Golfo en 1991». Estados Unidos intenta «que los militares iraquíes se sientan totalmente superados y pierdan el control, como ocurrió durante la invasión de Panamá», añade la crónica citando a un asesor del Pentágono, quien reconoce que «la resistencia en Irak puede ser mucho mayor a la que nuestras fuerzas enfrentaron en Panamá. Y Sadam Huseín, a diferencia de lo que ocurrió con Manuel Noriega, podría terminar como Osama bin Laden en Afganistán. Es decir, una victoria militar no asegura automáticamente la detención o muerte de Sadam». Según Clarín, la Casa Blanca prefiere que Sadam muera a que sea capturado. «La razón es simple: si es capturado, Bush ya prometió que será juzgado por crímenes contra la humanidad. Y, si eso ocurre, el antiamericanismo en los países árabes puede aumentar aún más». El semanario norteamericano Newskeek incluye un reportaje en el que informa de que un grupo de expertos en economía, a las órdenes del fiscal general de Estados Unidos, ha sido encargado de localizar los millones de dólares -o los miles de millones- que Sadam Huseín ha ocultado por medio: «Igual que en el caso del supuesto arsenal de armas químicas y biológicas de Irak, -dice el texto, cuyo título es En busca del tesoro-, agentes estadounidenses creen en la existencia de depósitos por valor de cientos de millones, si no de billones de dólares, controlados por Sadam, su hijo Uday y su entorno más próximo, y que ese dinero fue expatriado en la primera Guerra del Golfo y ahora permanece oculto por todo el mundo en cuentas bancarias secretas y en empresas fantasma». En el punto de mira de los investigadores figuran empresarios de varios países, que habrían pagado bajo mano a Sadam Huseín o a sus hijos a cambio de obtener garantías para hacer pingües negocios en Irak. Ya hay pruebas de una de esas operaciones, protagonizada por un empresario ruso que participaba en el programa Petróleo por Alimentos. Al parecer, millones de dólares obtenidos por ese procedimiento están depositados en cuentas cifradas de bancos jordanos y suizos. El editorial del rotativo parisino aborda un tema que con mayor o menor menor amplitud abordan todas las publicaciones francesas: «¿Y después?», resume y titula Le Monde. Los dos primeros párrafos del editorial son un ejemplo de ironía y claridad: «¿En qué consiste el proyecto americano?», y el autor precisa que el presidente George Walker Bush ha insistido en que «nosotros vamos a ayudar a los iraquíes a ser un país unido, estable y libre de solicitar nuestro apoyo en todo momento (...) En Irak no tenemos otra ambición que conjurar una amenaza y volver a poner el control del país en manos del pueblo». Tras dejar constancia de esas y de otras puntualizaciones de Bush, todas de similar tenor, el editorialista concluye: «Dicho de otro modo, los Estados Unidos se quieren quedar en Irak. No aceptarán hacer el equipaje después de que Sadam sea destituido y sus arsenales desmantelados. Se tomarán el tiempo que consideren necesario para hacer de Irak un país estable, unido e instalar un nuevo régimen al frente. El secretario de Estado, Collin Powell, ya ha hablado -recuerda el editorialista- de organizar sobre el terreno una administración militar americana que se prolongaría durante un período de tiempo no inferior a los dos años». Y el texto finaliza puntualizando que Francia no aceptará que un solo país, Estados Unidos, decida el futuro de Irak.