A LOS PARTIDOS políticos y a sus dirigentes les suele atacar con frecuencia la oftalmía, enfermedad consistente en la inflamación de los ojos hasta provocarles ceguera y en algunos casos alucinaciones y afectos que ofuscan la razón. Generalmente la causa de esta oftalmía hay que buscarla en la codicia que, como decía Quevedo, es «un heresiarca bienquisto de los discursos políticos y el conciliador de todas las diferencias de opinión y humores». Viene a cuento esto por la saña de los políticos al criticar la televisión pública cuando están en la oposición y la pasión en defenderla cuando alcanzan el poder, olvidándose de las promesas que hicieron antes de gobernar para democratizarla. A causa de esa ceguera que les causa la codicia, no se dan cuenta de que cuando de verdad necesitan una televisión pública neutral y al servicio del ciudadano y de los valores constitucionales es cuando están en la oposición. Como dice con frecuencia el periodista Miguel Angel Aguilar, en la larga historia de la BBC no se recuerda un conflicto con la oposición, aunque sí son conocidos los que a veces mantiene con el Gobierno. En España sucede al revés, no se recuerda un conflicto con el Gobierno de turno en ninguna de nuestras numerosas televisiones públicas (nacionales o autonómicas) y, por el contrario, viven en permanente enfrentamiento con toda la oposición. Es la diferencia entre lo que es una televisión pública (BBC) al servicio del ciudadano, que la sostiene con sus impuestos directos, y las mal llamadas públicas en España, que son televisiones de partido. En un reciente seminario, el secretario de organización del PSOE, José Blanco, prometió ante numerosos directores de medios de comunicación que cuando los socialistas vuelvan a gobernar cambiarán el Estatuto de RTVE para que a su director general lo elija el Parlamento por mayoría de dos tercios y con mandato superior a una legislatura. Blanco justificaba el cambio de opinión del PSOE y la ausencia de estas medidas en los doce años de gobiernos socialistas con un argumento contundente: «Estando en la oposición es cuando se echa en falta una televisión pública independiente del Gobierno». Lo que es una verdad de Perogrullo capaz de entender el más tonto, parece que se hace difícil para los políticos, para quienes el sentido común es, además del menos común de los sentidos, una carga de la que deben aligerarse lo antes posible.