Los golfos reventadores y sus admiradores

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

15 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL MODO más seguro de acabar con una buena causa es defender sus nobles fines por medios vergonzosos. La que respalda Nunca Máis (evitar que una catástrofe como la del Prestige vuelva a repetirse) es de las mejores que cabe imaginar. Como lo es la de los partidarios de la paz en la crisis iraquí. Aunque cabe, claro, discrepar de los planteamientos de la plataforma Nunca Máis o de los grupos pacifistas, y es posible, por supuesto, emitir juicios encontrados sobre la oportunidad o el oportunismo de quienes los impulsan, resulta difícil afirmar, negro sobre blanco, que sus principales aspiraciones no sean dignas de respeto. La mejor prueba es que no hemos visto a nadie, de momento, declararse partidario de la guerra o defensor de los vertidos.Pero las causas nobles pueden también, como los petroleros, naufragar. De hecho, una larga experiencia indica que casi todas comienzan a hacer agua cuando algunos de sus miembros se consideran con derecho a utilizar medios ilegítimos (o ilegales) para alcanzar sus objetivos.¿Es legítimo reventar actos en los que aquellos de cuyas posiciones o decisiones discrepan los reventadores pretenden hacer uso de su derecho a expresarse libremente? ¿Es legar acosar a un representante del pueblo que defiende la política de un partido democrático? Seamos valientes y digamos la verdad: ni es legal lo uno, ni legítimo lo otro.Y, porque no lo es, sucesos como el del mitin último de Fraga (que el viernes reventaron en Noia unos pocos miembros de la plataforma Nunca Máis) o el acoso que sufre el portavoz popular en el Ayuntamiento de O Barco y diputado en Cortes del PP (víctima de una campaña anónima por compartir las posiciones del Gobierno en la crisis iraquí) resultan intolerables en una sociedad libre y democrática.Sí, intolerables, más allá de que se pueda coincidir con los fines que reivindican los acosadores y que los reventadores convierten en bandera. Pues, cuando los medios son ilegales o ilegítimos, ocurre sencillamente que los medios son los fines. Sé perfectamente, pues lo vivo de cerca cada día, que hay quienes se ponen como fieras cuando, por ejemplo, unos alumnos acosan al rector que han elegido, pero admiran sin disimulo a esos mismos alumnos cuando acosan a políticos cuyas decisiones no comparten.Son los peores: los que no tienen otra moral que la moral de situación. Los que fomentan con su desvergüenza y su cinismo la actuación de quienes, por no dramatizar las cosas más allá de lo estrictamente necesario, podríamos llamar, recordando a aquellos otros que le hacían la puñeta al Tío Gilito, los golfos reventadores.