La inflación de todos

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

13 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HA SUBIDO el petróleo. Los países de la OPEP y el resto de los productores están ganando más porciones de la tarta de ingresos mundiales. Pero los países con escaso crecimiento o con estancamiento puro y duro, como Alemania y Francia, tendrían que ajustarse el cinturón. Alguien debe disponer de menos recursos. Si el Estado no restringe el gasto, lo tienen que hacer los ciudadanos. Como a los gobernantes no les gusta bajarlo y exponerse al descrédito electoral , quienes deben renunciar a una parte de la tarta son los ciudadanos. ¿Y eso como se lleva a cabo? Hay dos sistemas. Uno transparente subiendo los impuestos. Y otro opaco dejando actuar a la inflación, que suban los precios. El efecto es el mismo. Los ingresos, la parte de la tarta de la ciudadanía, lo que en economía se llaman rentas reales, quedan mermadas. Las nominales siguen igual. Pero las efectivas descienden y ocasionará tensiones sociales. Lo crucial es que para utilizar el recurso de la inflación es necesario que el Banco Central Europeo la consienta y la instrumentalice. Aflojando la cantidad de medios de pago en circulación y el recurso al crédito. Así se ceba la inflación en Europa. Pero lo que alivia los déficits públicos de Chirac y Schröder y les permite lucirse en la ONU, es malo para España, Holanda e Irlanda, por ejemplo, con economías mejor conducidas. Porque también nos llega la inflación, y más acentuada, por efecto de la moneda única. El Gobierno español debería en esta circunstancia restringir su propio gasto para ser coherente de verdad. Los ayuntamientos tendrían que flexibilizar y agilizar el planeamiento urbanístico. Las autonomías, meter mano en las rigideces estructurales de sus circunscripciones. Y el Consejo Económico Social, donde están sindicatos y empresarios, mojarse un poco y explicar bien lo que pasa y como puede haber una concertación responsable para evitar los efectos injustos de una inflación importada.