La cara simple del terrorismo

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

12 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

DICEN QUE LA intervención militar en Serbia y Kosovo fue un éxito, y que ahora se vive en paz allí, bajo la protección de la OTAN y con Milosevich en la cárcel. Pero el terrorismo es otra cosa, y poco tiene que ver con los carros blindados, las bombas de grafito y los cazabombarderos, y por eso nadie pudo impedir que tres terroristas fuesen al centro de Belgrado y matasen al mismísimo Zoran Djindjic, al que Europa había escogido para normalizar la vida política de aquel atormentado país. Hace pocos días, en Kuala Lumpur, otro desequilibrado mental demostró lo poco que se necesita para provocar una matanza: un billete de metro, una lata de gasolina, y unas dosis de desprecio de la vida propia y ajena (15 euros de inversión), y ya tenemos doscientos muertos en los andenes y a todos los cuerpos de bomberos y policías rezando a Dios para agradecerle que la cosa se haya quedado ahí y para pedir que no se acumulen los locos en un corto espacio de tiempo.También en Israel se imparte a diario la misma lección: un país militarizado hasta el extremo, con una polícía y un ejército entre los más eficaces y preparados del mundo, y con un servicio de información envidiado por todos, pero que nada puede hacer cuando un desesperado decide revestirse de bombas y matar a cualquiera, al servicio de su pueblo o de su fe, o por la desesperación que sufre y el fanatismo que le inculcan. En este caso hemos aprendido también que no sirve de nada el «ojo por ojo y diente por diente», y que nadie sabe, ni siquiera el omnisciente Aznar, cuando tenemos que llamarle terroristas a los que matan y víctimas a los que mueren, o viceversa.Nosotros, en España, tenemos terrorismo desde hace cuarenta años. Se trata de un grupo pequeño, perfectamente localizado e inserto en una población que aborrece y rechaza sus intenciones y sus métodos, y que está dispuesta a denunciar los crímenes y a colaborar con las fuerzas de seguridad. Pero el resultado dista mucho de ser satisfactorio, y pocas dudas tenemos de que, cuando se acerca una nueva campaña electoral, no hay ejército capaz de garantizar la seguridad de los candidatos que libremente quieren concurrir a las elecciones.En Colombia, Ecuador, Chechenia, Argelia y en mil sitios más sabemos que la presión militar no ha hecho otra cosa que exasperar los ánimos y agravar una crisis que, cuando es verdadero terrorismo, nace en la propia sociedad, utiliza instrumentos cotidianos, y no necesita importar misiles ni gases sofisticados. Por eso Bush sabe que miente cada vez que dice que está en guerra contra el terror. Y por eso es evidente que esta guerra que nos preparan es un error más en una larga cadena de errores.