Reordenar Oriente Medio

OPINIÓN

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

MUCHOS todavía nos preguntamos cómo (y por qué) se abandonó la idea inicial de derrocar a Sadam Huseín, para internarnos por esta senda obsesiva de hacer o parar una guerra contra Irak. Fue un salto cualitativo que hizo trizas la unión de la comunidad internacional, que estaría dispuesta a respaldar la primera de las opciones, y nos ha llevado a un panorama de divisiones y recelos que alcanzan ya a todas las grandes organizaciones internacionales (ONU, OTAN, UE, etc). ¿Compensa haber desatado tanto riesgo? ¿No era mucho más barato y más seguro ejecutar el primero de los planes? ¿No es muy peligroso abrir la caja de Pandora de Oriente Medio? Según la Casa Blanca, lo que hay que hacer es justamente intervenir en Irak y reordenar todo Oriente Medio. Es decir, buscar un nuevo horizonte en el que sea posible dar solución a otros problemas, como el judío-palestino, el del terrorismo internacional, el de la provisión petrolífera y un largo y caótico etcétera que ni Bush en sus horas más lúcidas es capaz de recitar. Porque la mayor parte de los deseos expuestos (a veces sólo tapaderas de intereses) crecen sobre un desconocimiento supino de la realidad de los países de la zona. Pero, claro, conocerla podría ser un obstáculo para actuar. Por eso EE. UU. avanza por la vía de la simplificación: buenos y malos, amigos y enemigos, etc. La situación prebélica que vivimos, como ocurre con todas las guerras, saca lo más extremo de cada uno: el exacerbado belicismo unilateralista estadounidense, el frenesí francés por encabezar la gran manifestación del «no a la guerra» mientras mantiene sus negocios con el Irak actual, el descarado regateo en dólares del magnífico aliado turco (¡como para meterlo en la UE!), el doble juego ruso para sacar la mejor tajada posible, y el ensimismamiento chino todavía demasiado críptico e impenetrable Cierto, aún cabe el optimismo. Pero cada vez es menos posible que ganemos los que no queremos la guerra ni a Sadam al frente de Irak. Ocurra lo que ocurra, el mundo dejará muchos pelos en la gatera y durante un largo tiempo quedará condenado a relamer sus heridas. Ahora ya nadie es el que era. Ha pasado el Carnaval y las máscaras han caído.