MI pequeña niña nicaraguense: has sufrido ya casi todas las violaciones posibles. Y me siento culpable. Han violado tu infancia en la explotación laboral y en la emigración. Han violado tu vientre dos veces: en busca de un placer autista, primero, y después para descuartizar al niño que quiso crecer dentro de ti. Han violado tu vida, sin el menor sonrojo, para explotar publicitariamente otro caso extremo. ¿No habremos convertido entre todos, mi pequeña niña nica, esos bracitos tuyos, diseñados para abrazar, en meras aspas para batir pesadillas? Algunos prestigiosos equipos médicos -también desde España- se ofrecieron a salvar el niño sin riesgo ninguno para tu vida y gratis. Pero no había quién los escuchara, porque ya andábamos todos ensordecidos por los truenos de una excomunión que nadie pronunció. ¿Pero quién te iba a excomulgar a ti, niña, que ni tienes edad para eso? Y los demás se excomulgaron solos, porque ese delito les excluye automáticamente de la Iglesia hasta que se arrepientan. Pero eso no se dice. Tampoco me importa. Sólo me interesa que tus brazos sigan siendo brazos y no aspas para batir el aire y espantar miedos y monstruos. Que Dios nos perdone, niña, y te bendiga con días bonitos. Muchos besos.