Ataques al vascuence

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

NO HAY ataque más grave contra una lengua que asesinar a quien la habla. Así, el asesinato, a manos de la cosa que mata de Joseba Pagazaurtundua, que ha dejado una vida rota, una viuda, una madre sin hijo y a dos hijos sin hermanos, ha quitado de en medio a un euskaldún, a un hablante y amante del vascuence como era Joseba. No hay peor atentado contra una lengua que emplearla como un elemento para separar y no para comunicar -que es para lo que sirven las lenguas-, que pretender ponerle un sello y decir esta lengua es de los nacionalistas, por ejemplo, y el día que la hablen los otros cambiamos de lengua, como decía el ínclito Sabino Arana. Porque, sencillamente, la vida demuestra que hay egregios dirigentes nacionalistas que no hablan ni una palabra de vascuence, que no lo han estudiado en su vida y que, incluso, justifican que no lo aprenderán jamás, tal y como reconoció Iñaki Anasagasti en un artículo publicado bajo el título Loro viejo no aprende lenguas . Y la vida demuestra que hay muchos no nacionalistas que hablan el vascuence, quieren esta lengua y no están dispuestos a que se la arrebaten. No hay peor forma de hacer impopular una lengua que utilizarla con un doble rasero. Si uno no sabe euskera, pero es nacionalista, puede llegar incluso a ser director de la radiotelevisión pública vasca, lehendakari -Ibarretxe habla euskera en borrador, como en su día los balbuceaba Garaikoetxea-, puede ser alcalde de Bilbao, diputado provincial de Vizcaya, consejero del Gobierno vasco, director de periódico nacionalista, jefe de prensa de Partido Nacionalista Vasco, nacionalista consecuente y amante de lo suyo... y no sigo porque sería interminable. Todo esto mientras hay profesores que cuidan el comedor y no dan clases por tener el mismo nivel de euskera que Anasagasti, otros van y vienen todos los días a Cantabria desde Vizcaya, para dar clases en centros de la comunidad vecina y otros han abandonado el país. Hay un amplísimo catálogo de agresiones a una lengua hechas en nombre de la patria. ¿Cómo es posible que en la formación del espíritu nacional se exija el vascuence, cuando los órganos de expresión del nacionalismo se escriben en español, malo, pero español? ¿Cómo es posible que se exija euskera para los trabajos más increíbles, mientras la flota de chulos y granujas, beneficiarios del régimen nacionalista, desempeñan puestos de alta responsabilidad y altísima remuneración sin hablar una sola palabra de vascuence? ¿Cómo es posible que desde que se recuperó la democracia se hayan cometido tantos atropellos en nombre supuesto del vascuence, tantas injusticias contra eventuales hablantes, como para que haya una flota de damnificados por la arbitraria política lingüística de los diferentes gobiernos en el País Vasco? Una lengua necesita mimos, cariños y derechos ciudadanos, no modales de tribu, y mucho menos sangre y muerte para quienes la hablan. Hay que recordar que el partido que más ha hecho para que el periódico recién cerrado no saliera a la calle, fue el PNV. En aquellos años, hace una década, el PNV quería sacar su periódico en euskera, no soportaba que los simpatizantes de ETA les tomaran la delantera e hicieron todo tipo de trampas y argucias para que el diario en euskera de los simpatizantes de ETA no saliera a la calle. ¿Estaban atacando la lengua? La sinécdoque es el tropo preferido de los nacionalistas, especialmente los vascos, ese afán de tomar la parte como si fuera un todo impregna su actuación, no sólo en este caso, sino en todos. Gente que no ha leído jamás en su vida una sola línea del no mencionado diario, porque no sabe euskera, o porque, sencillamente, nunca le ha gustado un periódico tan sectario, se apunta ahora al memorial de agravios -inherente al nacionalismo- y dice que el cierre es un ataque al euskera. Cosa que no dice cuando se asesina a un vascohablante.