Guerra ganada, guerra perdida

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

PASE lo que pase, la guerra de Irak no la va a ganar nadie por completo. Todo el mundo sabe que Sadam Huseín es un dictador sin entrañas, asesino de su pueblo y un peligro para la seguridad mundial. Neutralizarlo y acabar con él es cosa bien distinta. ¿Quién le pone el cascabel al gato?. Como siempre, los americanos. Pero sus oponentes, los que siempre los han visto como el arrogante imperio del mal, dicen que por cualquier procedimiento, excepto la fuerza. Aunque ayudaran decisivamente a Europa, particularmente a Francia y Alemania en sus peores momentos. Pero consideran que ese apoyo ya está amortizado. El alineamiento de Aznar con la coalición internacional se ridiculiza como tonto seguidismo. Poco puede hacer contra eso. La necesidad de la guerra contra Irak no es cuestión que puedan demostrar sus defensores con debates parlamentarios o campañas de imagen. O la gente la deduce por su propio razonamiento tras los hechos del 11 de septiembre, o mejor dejarlo. El debate parlamentario fue una repetición del anterior y una copia del siguiente. Aznar pide análisis estratégico y Zapatero que se desarme a Sadam pacíficamente, con la pedagogía de los inspectores y sin guerra. Queda en el aire la pregunta del millón. Y si no lo hace, ¿quién lo obliga?. No se contesta. Ni siquiera con el acuerdo de mínimos de la Unión Europea. Si los americanos no hacen la guerra, la ganará Sadam; si la hacen, la perderán sus aliados, Aznar el primero. Aunque tengan al menos un modelo a medio plazo para la seguridad en el mundo. A corto plazo la ganará Rodríguez Zapatero, tanto si pierde Sadam como si pierde Bush. Salvo que Blix se moje, Sadam cometa un error grave y franceses y alemanes terminen con el juego electoral. Entonces se daría la vuelta a la tortilla.