QUERIDO MUNDO
16 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.IGNORO SI las multitudinarias manifestaciones celebradas este fin de semana lograrán parar la guerra. Quizá las cosas han ido demasiado lejos y los neoconservadores estadounidenses ya no manejen esta posibilidad. Pronto lo sabremos. Sin embargo, sorprende la ausencia de análisis sobre el día después, es decir, sobre el Irak que emergería tras la victoria, supuestamente rápida, de Estados Unidos y sus aliados. Debería recordarse que la actividad islámica en Irak (suní, chiíta, etc.) siempre ha chocado con un régimen más dispuesto a reprimirla que a favorecerla y, aun en los casos extremos de buscar su apoyo, Sadam Huseín se ha limitado a utilizarla en su favor cínica y desvergonzadamente. Dicho en otras palabras, el régimen laico de Sadam no sólo no ha apoyado el islamismo político en su país, sino que ha combatido encarnizadamente a los movimientos confesionales, como ha acreditado el experto británico Charles Tripp, autor de dos libros sobre Irak. Reflexión La reflexión es inevitable. Si en los años ochenta Estados Unidos apoyó a Sadam Huseín para levantar una barrera laica frente al islam radical que representaba Irán, ¿qué podría ocurrir al día siguiente de que el régimen del tirano de Bagdad se viniese abajo? El cuadro no es difícil de imaginar. El islamismo tantos años perseguido y reprimido se envalentonará e intentará tomar el poder, y probablemente no serán sus líderes más moderados los más activos. Son cosas en las que convendría pensar antes de ponerse en manos de unos exiliados iraquíes que probablemente confunden la realidad con sus deseos. No basta reunir a los enemigos de Sadam para dar por segura una buena salida. Si hay guerra, detrás de ella no debe quedar un país destruido o en manos de fanáticos. Debe quedar una democracia capaz de extender su modelo por una zona infestada de sátrapas y jerarcas arteros. Si no, ¿para qué la confrontación bélica? ¿Solamente para echarle mano al petróleo, como se ha denunciado en las manifestaciones?