LA ALDEA GLOBAL
15 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DEFINITIVAMENTE Galicia se está convirtiendo en la asignatura pendiente de los líderes del PP, un hueso que no acaban de roer. No están entrenados a pie de pota. Esta tierra era el coto exclusivo de don Manuel, que por algo fundó el partido. Pero desde que el patrón cometió el fallo de consultar con Fefé en Aranjuez, todo se ha venido abajo. Y los de Madrid no saben como enderezarlo. Hasta Mariano perdió la finura. Ahora le ha tocado el turno a Jaime Mayor Oreja. Los aspirantes a sucesores tienen que pasar la criba gallega. Jaime quiso ayudar de verdad, entrar al trapo de los grandes males de la patria y, desde Ferrol, nos advirtió del peligro que acechaba detrás de Nunca Máis y del que la gente no termina de ser consciente. Podemos terminar a la vasca, nos advierte. Pero nuestro mayor problema es terminar a la madrileña, o a la mediterránea, con un crecimiento exponencial del índice de delincuencia, crímenes, caos convivencial e inseguridad real. Con las mafias instaladas en el país sin que nadie corte las cabezas de los dragones. En Nunca Máis hay gente agresiva que debe ser frenada por la propia plataforma. Comenzando por las intimidatorias advertencias de Beiras al presidente Aznar y siguiendo por su táctica de hacer la vida pública imposible para el PP. En ocasiones también se les provoca, viejo ardid, y Nunca Máis debería organizar un servicio de orden para disciplinar a sus sectores minoritarios. Como se hacía en los viejos tiempos, seguridad reversible, para unos mismos y para los adversarios. Pero el problema fundamental es saber por qué vivimos en Galicia en un contexto social tan crispado, con tanta violencia verbal, simbólica y real. Palpable en la calle, en las aulas, en la carretera, en el propio parlamento -Cuíña a Beiras, «ya me ocuparé de usted»- y en las mismísimas casas que cada vez son menos hogares. En Lugo hay un refrán que dice vaise o gato e esténdense os ratos . En la universidad somos más pomposos, decimos que si falla el Estado Leviatán, cunde el caos en la sociedad. En la escuela nos decían que sin el ejemplo de los dirigentes, los dirigidos pierden las referencias. Las abuelas repetían que los hijos son las reproducciones morales de sus padres. Toda responsabilidad es jerárquica y asimétrica. Mayor Oreja es una persona apreciada en toda España por su presunto sentido moral, por su valentía política en el País Vasco y por su equilibrio como persona. No puede competir con Rato en materia de cuentas, ni con Rajoy en cálculo político, pero resultaba más creíble, un tipo de confianza, el sucesor preferido por el pueblo. Y se cae por Galicia a perder cotas de imagen, precisamente con las cosas del Prestige . Definitivamente este petrolero ha sido un barco meiga , una santa compaña exterminadora de los principales del poder. La pena es que más allá de la fiesta y del ingenio escénico, Nunca Máis no se plantee la responsabilidad directa de competir por la dirección de la sociedad. Para cambiarla, para mejorarla, para actuar no solamente de control puntual de una gestión incompetente, sino para ser una alternativa elegible en las urnas, un competidor legítimo en el único sistema válido para delegar soberanía y responsabilidad a los demás, que es el electoral. Si no da ese salto, de hecho se estará preparando el camino a otros que directamente no están presentándose como candidatos. Sino que, como todos, nos ofrecerán su papeleta como la opción conformada del mal menor. Nunca Máis debe plantearse la alternativa de salir de la calle y pugnar por los despachos. Debajo de los secretos de sus alfombras yace la libertad.