DON JAIME Mayor Oreja, durante una reciente visita a Galicia, ha hecho unas declaraciones constatando lo que es una evidencia para casi todos, (españoles amantes de la sociedad abierta y de los derechos humanos), que con creciente inquietud observamos los últimos acontecimientos. Que, con el pretexto de los lamentables errores cometidos por las autoridades en la gestión de la crisis del Prestige y amparados en la preocupación ecológica y social que comparte toda la ciudadanía, se está manipulando a la opinión pública tras el señuelo de una bandera engañosamente neutra, pero propiedad y puesta al servicio de intereses sectarios, para provocar la ruptura, o debilitar lo más posible, las buenas relaciones de la sociedad gallega con el resto de España. Que esto lo intente el Bloque, una agrupación que, con la estrella invertida de la contracultura como estandarte, reúne a grupos antisistema, no debe extrañar a nadie, pues tal es lo que vienen haciendo sus amigos batasunos con sus agrupaciones satélites, o los grupos xenófobos catalanistas. Pero que el PSOE, que está sufriendo dramáticamente en las Vascongadas las consecuencias de su trágico error al colaborar con el nacionalismo vasco, se preste a actuar de comparsa nacionalista ahora en Galicia, no sólo resulta un contumaz y escandaloso error político, sino casi un insulto a la memoria de sus militantes asesinados. El PP, Plan Galicia aparte, también tiene una grave responsabilidad en este deterioro cívico al no obligar a asumir sus responsabilidades políticas a los que se han equivocado con tan desastrosos resultados. Y, por su improvisación y pasividad, al no prever a tiempo cuál iba a ser la peligrosa herencia de Fraga para la estabilidad política de Galicia y de España y no promover las necesarias transformaciones políticas, económicas y culturales que posibilitan y sustentan la sociedad abierta también en esta querida tierra.