Informes para la guerra

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

SE MULTIPLICAN los informes sobre la crisis desencadenada por Washington contra Irak. Vamos conociendo y comprendiendo las causas de lo que parece inevitable. Ahora, se ha conocido otro informe elaborado tras el 11-S por el «think tank» (laboratorio de ideas), Rand Corporation, a petición del Pentágono. El citado informe, cuyo título es Sacar lo saudí fuera de Arabia , y que consta de 24 fichas, propone un nuevo diseño del orden en la región de Oriente Medio tras los atentados de Nueva York y Washington. El trabajo se concentra en varias consideraciones y propuestas. En primer lugar, se constata que el petróleo de Irak es barato y fácil de extraer y, por consiguiente, la invasión de Irak constituye el primer movimiento táctico para evitar que los dos mayores productores -Arabia Saudí e Irak- puedan estrangular la economía estadounidense y de Occidente con un golpe más dañino que el propio 11-S. Así, la auténtica preocupación del Pentágono sería la pérdida del control del petróleo en el mundo árabe y el sentimiento antinorteamericano liderado por Bin Laden, y no tanto el poder militar de Sadam Huseín y las armas de destrucción masiva, sustancialmente inservibles y caducadas. La segunda cuestión se centra en Arabia Saudí. Solventado el problema de Irak, las preocupaciones se centran en la familia Al Saud, instaurada en el poder por los británicos en 1922, y su papel en el país que encierra más reservas de petróleo. Como se dice en el informe, «en guerra, la táctica es la que define la estrategia a seguir», es decir, controlando las reservas del crudo iraquí, se conseguirá una bajada del precio del petróleo que permitiría una reactivación económica de EE. UU. y de Occidente. Arabia Saudí ya no podría situar el precio del barril en 20 o 30 dólares, ya que elevando la producción de Irak podría bajar el barril hasta los 10 dólares. Europa tiene que decidirse. En la actualidad el 70 por ciento del petróleo de la Unión Europea proviene de Oriente Medio. Por lo demás, Washington sabía antes del 11-S que determinados príncipes saudíes integrantes de la secta wahabí apoyaban y financiaban a los islamistas suníes de Al Qaeda para evitar atentados en su país. La alianza entre Washington y Arabia Saudí ha muerto. La nueva geopolítica, incluidos los cambios de fronteras, permitiría reforzar la posición de Israel tras el desarme de Sadam, y la paz entre palestinos e israelíes sería posible a través del proyecto Bush , el reconocimiento del Estado Palestino previa desaparición de Arafat y la anexión definitiva de los territorios ocupados.