La realidad o el vacío

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

12 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL QUE la realidad sea una o muchas, variable o constante, sincera o engañosa, son aspectos, posibilidades, esencias o substancias que dan igual. Lo que no da igual -y sí muchos problemas, por no decir que da todos los problemas del mundo- es que la realidad es tan múltiple como cuantos la observan y analizan. Tan diversa como los intereses que nutre y los que la alimentan. Tan variopinta como los anhelos y esperanzas que abriga. Tan distinta como los miedos que infunde. La realidad no es arte ni ciencia. Es, más bien, un juego en el que los hombres somos como las moscas que los niños matan para entretenerse. Así era cuando Shakespeare puso en El rey Lear la metáfora de las moscas y los niños, y es ahora, en este tiempo en el que los niños reinan por el terror en los hogares. El hombre del siglo XXI es un niño armado hasta los dientes, al que sus padres se empeñaron en no dar disgusto alguno. Los niños nos rodean, nos vigilan mientras con una mano se atusan el bigote o se peinan las canas de la barba, y con la otra acarician las cachas del revólver. Esto es absurdo, indudablemente absurdo. Y lo es porque tiene mucho de todo eso que tanto gusta a los artistas: mucho de irregular, extravagante, contradictorio, irracional, arbitrario y disparatado. Mucho de eso y muy poco de sentido. La realidad anda tan escasa de sentido que la lógica se mueve a saltos mortales, y los da incluso en el vacío, a pesar de que la realidad aguante mal el vacío, y a pesar de que la Naturaleza lo deteste. Aunque puede que ni la Naturaleza -ni, por ende, la realidad- soporten mal y detesten el vacío tanto como lo aborrecen quienes estudian la realidad y la Naturaleza. Es muy posible que sea ese aborrecimiento al vacío el que haya llevado a los estudiosos de la realidad y de la Naturaleza a la invención de la eternidad y el infinito. Si la eternidad y el infinito son los medios que rodean realmente a la realidad y la mecen en sus senos, entonces hay pocas opciones. La primera: darse a las drogas -duras o blandas, cotidianas o exóticas-. La segunda: estimar la eternidad y el infinito como dos vastas y sumamente complejas tomaduras de pelo (opción que casi está contenida en la primera). Y la tercera: considerar muy seriamente el vacío. Es lo que han hecho Sadam Huseín, Chirac y Schröder, en colusión tan azarosa como todas las que surgen en función del vacío. Sadam tiene -como la realidad- aspectos admirables y es uno de ellos su maestría haciendo de ratón cuando juega al ratón y al gato. La clave de su éxito radica -a mi juicio- en lo bien que le está saliendo la creación del vacío alrededor del gato. Los palestinos darían un buen montón de Arafatos a cambio de tan sólo un Huseín. Chirac y Schröder, por su parte, y conscientes del vacío creado por la extinción de la amenaza soviética, han decidido ser los gatos del callejón europeo, inducir el vacío en la única defensa europea común y saltar en buena lógica sobre ese vacío para dar en los brazos de Putin. Ahora, si la realidad y la Naturaleza detestan el vacío tanto como aseguran quienes tal cosa dicen, es probable que se inicie un intenso coqueteo entre Estados Unidos y China. ¿Quién dijo miedo? Si la eternidad y el infinito son buenos, el vacío tampoco es malo.