Cambio de época

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

11 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ERA INEVITABLE. Desde 1990, con la caída del muro de Berlín, la Alianza Atlántica perdía la razón elemental de su existencia y estaba obligada a revisar su propia naturaleza, su futuro y sus misiones en un mundo sin el Pacto de Varsovia y sin la Unión Soviética. Hemos entrado en un mundo multipolar, con una geografía defensiva asimétrica y con los impactos de una realidad económica y política sumida en las transformaciones que provienen de la globalización. A pesar de todas las cumbres celebradas por la Alianza Atlántica buscando su ubicación en un mundo diferente, no parece capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. Su propia filosofía interna, inspirada en el consenso y en el reconocimiento de la supremacía estadounidense, ha entrado en crisis cuando, desde Washington, se pretende utilizar a la OTAN como un instrumento de su política exterior. Pero además, Europa está creciendo y parece decidida a superar los problemas propios de la pubertad. Tiene ante sí un reto formidable. Está decidida a crecer hasta los veinticinco miembros, debe abordar una reorganización interna, se convertirá en una potencia económica indiscutible y tiene que avanzar en la definición de algunas señas de identidad común, entre ellas, la política exterior y de seguridad. Tiene que mirar hacia Rusia, China, América, Palestina y el mundo árabe, desde sus propios intereses. Desde esta perspectiva se comprende la crisis abierta por Francia, Alemania y Bélgica, que constituye una muestra de la autonomía progresiva de Europa en relación con los EE.?UU. La UE no puede aceptar los principios de la guerra preventiva sin poner en peligro su personalidad política. Pero el camino no será sencillo. Washington tendrá que comprender que los datos han cambiado y que se puede mantener el vínculo transatlántico con otras formas y contenidos. La guerra contra Irak es la primera crisis de la nueva Europa que no quiere prescindir de los valores de la vieja Europa .