Vioque pierde el juicio

JUAN CARLOS ORTIZ

OPINIÓN

Nadie como él explica la génesis, el auge y la caída del narcocontrabando en Galicia. Su huida hacia adelante en una interminable carrera contra el fracaso acumula un nuevo capítulo: su supuesta implicación en un atentado contra el poder judicial

10 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Mirlo Blanco Cuentan que cuando Vioque llegó a Arousa en 1982 no tenía ni para pagarse una pensión. Su título de abogado por la Universidad de Murcia era lo único valioso que llevaba en la maleta. Una clase empresarial mediocre, un escenario político raquítico y la fiebre millonaria del contrabando fueron el trampolín de su fulgurante carrera. Era un mirlo blanco. Todos le abrieron la puerta de su casa. Los narcos, también. «Narcoabogado» Don Pablo puso su toga al servicio del narcotráfico. Sería el primer letrado en moverse hábilmente a ambos lados del Código Penal. Y muchas veces los negocios de la droga, según los sumarios en curso, acabaron siendo los suyos. La policía sospechaba que en algunas de las más importantes operaciones se adivinaba la sombra de un cráneo privilegiado. El del letrado extremeño lo era. Pero no había pruebas. Político La Cámara de Vioque fue un despacho de influencias y apeadero obligado de cualquier viaje político por el centroderecha en Vilagarcía. Sus aventuras en la cosa pública se limitaron a intentar torpedear mayorías. Cuando la Xunta le desalojó en 1995 de su despacho, se enorgulleció de que tuvo que ser Fraga quien accionara la máquina que acabaría por engullirlo. Sólo un gigante podía torcerle el pulso. Corruptor Vioque llegó a decir que tenía comprado al juez Liaño o que una llamada telefónica suya bastaba para hacer de-saparecer un prueba en los despachos de Garzón en la mismísima Audiencia Nacional. Muchos, sobre todo sus sospechosos clientes, le creyeron. Hasta ha llegado a declarar en su propio juicio que es confidente policial. De tanto cruzar la frontera de la ley, acabó sin saber en qué lado estaba. ¿Asesino? ¿Ha perdido el juicio? Quienes trataron personalmente alguna vez a Vioque no dan crédito a su última andanada. Podrá ser narcotraficante. Pero ¿inductor a un crimen múltiple? La Justicia tendrá que probarlo. El pasado viernes, cuando ya sabía que estaba salpicado por la sombra del atentado sin precedentes, declaró impertérrito ante el tribunal con el que se juega veinte años de cárcel: «Nadie podrá aportar pruebas».