CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
10 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ME REFIERO a Jon Sobrino, el jesuita que abraza la teología de la liberación. El hombre que difunde la luz de los pobres estuvo en Galicia con sus palabras nobles. Necesitamos gente así. Dijo tantas verdades. Recordó que la utopía para los pobres es vivir, simplemente vivir. «En El Salvador nadie tiene como utopía ganar la Champions», ironizó. Criticó la guerra, todas las guerras. Citó cifras de Unicef, en Irak tras la anterior guerra murieron medio millón de niños por el embargo. El jesuita recordó como la sociedad capitalista mudó las palabras de la Biblia, «unos van a trabajar y otros comen el fruto; unos hacen las casas y otros viven en las mansiones». Soltó otro dato. En un campo de fútbol de élite hay, en 44 piernas, 125.000 millones de pesetas, dos veces el presupuesto de un país pobre como El Chad. Insistió en que todo esto hay que repetirlo una y otra vez. Los pobres son los que no tienen voz, no tienen dignidad, no tienen calendario. Aun así, ellos nos dan luz, esperanza y fe. Tenemos que construir un mundo nuevo con sus valores y los nuestros. No se puede ser indiferente al dolor, al hachazo de la guerra. En El Salvador, los niños quieren comer mientras usted y yo dudamos entre carne o pescado en la carta de un restaurante. cesar.casal@lavoz.es