LE FALTÓ tiempo al presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales (Fapae), Eduardo Campoy, para pedir la dimisión de Marisa Paredes, después del mitin electorero de los Goya. Campoy, respaldado por otros conspicuos miembros de su directiva, como Gerardo Herrero y Andrés Vicente Gómez, intentó con su postura testimonial que el Gobierno no se enfadase, ahora que le piden nuevas y más cuantiosas fuentes de financiación pública y medidas proteccionistas para nuestro/su exitoso cine. Pero el horror sigue reflejado en sus caras, mirando la que tiene Aznar tras escuchar las lindezas que le dedicaron públicamente y por TVE los congregados por la Academia en el primer pase de sesión de noche y cuatro días después, en sesión de tarde, en el Congreso y aledaños. Al PP le ha salido desagradecido el mundo del cine, a pesar de que entre 1996 y el 2003 le ha aumentado un 81,4% las ayudas que fijó el PSOE y hasta les ha aprobado una ley, única en Europa, que obliga a las televisiones privadas y públicas a invertir el 5% de su facturación bruta anual (una bagatela de cerca de 210 millones de euros) en la industria cinematográfica. Tantos mimos han maleado al niño, que es faltón y mal estudiante. La cosecha de suspensos del último año da para un campo de calabazas. Encarna Jiménez, en su artículo Más falso que un Goya (Libertad Digital 3-2-2003) ha escrito que «los productores del cine español no arriesgan ni un duro, pero se hicieron los pobres ante una ministra que parecía que les debía, cuando lo único que hace es aguantar el chaparrón de un sector que se ha unido para extorsionar disfrazado de rojo». De ninguna manera se merecen estas palabras los productores españoles, pero sería bueno que dejaran de estirar la cuerda del prote-ccionismo porque si se les hace caso hasta puede que acaben hundiendo también la televisión. El peligro es que a los políticos del PP les encanta fotografiarse con Marisa Paredes, Fernando León de Aranoa, Javier Bardem, Luis Tosar y Guillermo Toledo, después de cada nueva subvención. Son tan ingenuos que creen que con ello ganan su voto. ¡Pues toma gala fashion !