Demasiados ejes

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

DEMASIADOS ejes parece tener la carreta del nuevo orden mundial. Al eje Washingtong-Londres (el eje del bien , en contraposición a un supuesto eje del mal formado por Irak, Irán y Corea del Norte) siguieron los ejes París-Berlín (hostil a la guerra contra Irak) y Madrid-Londres-Roma, un derivado o complemento del primero. En el margen, todavía indefinidos, se vislumbran otros: el que puede liderar el Brasil de Lula (una especie de países no alineados ) o los agrupamientos por los que opten Rusia, China o Japón. Dicho en plata, por falta de ejes no va a quedar. Sin embargo, no todo es bueno en tanta vocación ejística . Basta con echar un vistazo a nuestra Unión Europea. Lejos de aproximarse con decisión a una política exterior única, se fragmenta en una división creciente, cuyos males se incrementan con una casi total falta de diálogo interno. Ni Chirac ni Schröder se molestaron en hacer consultas con sus vecinos para lanzar su flamante y apresurado eje franco-alemán (¡ah, la grandeur!), ni Aznar fue más allá de hablar con Berlusconi y Blair para impulsar la carta de apoyo a EE. UU. firmada por nueve países europeos. Así de unidos se manifiestan nuestros grandes líderes. Así de común es su política exterior. Así de sutil y de continuo es su diálogo. Algo comparten, sin embargo. Los ojos de todos están puestos en EE. UU. La referencia es Washington. Lo fue en las elecciones alemanas que acabaron por darle el triunfo a un Schröder casi desahuciado y lo es en Francia, donde un Chirac con más conchas que un galápago, busca una salida política que no deje a su país fuera de juego. Lo cual anuncia nuevos ejes o la redefinición de los anteriores.