Europa

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

07 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SE decía que Europa no tenía voz en el mundo. Ahora el problema es justamente el contrario: tiene demasiadas. Demasiadas voces políticas, claro. Porque en términos de opinión pública, esas voces son menos variadas e incluso revelan una sana coincidencia entre las distintas naciones. El «no a la guerra», que goza de apoyo mayoritario, no tiene un significado unidimensional, es verdad, sino que acoge a personas de muy variado origen y pelaje, pero es una clara muestra de rechazo al unilateralismo estadounidense que, con Bush a la cabeza, se atribuye unos derechos propios y distintos por el simple hecho de ser la única superpotencia del planeta. El guirigay europeo lo están armando nuestros dirigentes con más fortuna de la deseable. Cada vez que hablan Chirac, Schröder, Berlusconi, Blair o Aznar, por no citar a los colegas del Este, queda más claro que existen Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido o España, pero se difumina en igual medida ese delicado puzzle que es la Unión Europea, tan necesitada de vigor y de unidad. En esta hora bien cabe decir que se echan en falta los grandes europeístas de antaño, capaces de moderar sus egos y lanzar un mismo mensaje en distintos idiomas. Hoy no se vislumbra esta posibilidad.