BIENVENIDO, amigo Mangouras. Nos gustaría que tu entrada en este país se produjese con menos ruido en el ambiente, con menos asco, con menos olor a pólvora semántica. Sales del agujero y te recibimos como a un héroe, en medio de tanta basura. Has caído en una cárcel civilizada y sé que allí has recibido nuestro calor. Nos alegramos por ti, que nunca has sido un delincuente. Aquí se dice cabeza de turco cuando alguien paga las consecuencias de las acciones de otros. Tú eres el vivo ejemplo, como tantos y tantos capitanes que la patria del mar expone a los vientos de la codicia y que por doquier son detenidos, como consecuencia de la piratería bajo banderas de conveniencia a través de paraísos fiscales. ¿Sabes? Quienes te acusaron de no obedecerles han sido premiados con ascensos. Ahora ven el mar desde un piso más arriba, con calefacción y secretarias. Están seguros de que lo hicieron bien. Todo funcionó correctamente. Dieron las órdenes oportunas, tú no les obedeciste, mandabas un barco de papel y por eso se fue al fondo. Hubo un accidente y ellos dejaron ir al buque herido al albur de mayores peligros. Nos gustaría saber quién estaba al mando del Prestige y de quién recibía las órdenes cuando se hundió, por qué tú fuiste detenido y relevado el día 15 y el buque se hundió el día 19. Ellos eran Superman contra el bandido griego que capitaneaba un barco pirata. Estamos seguros de tu veterana honradez. Vemos sólidos tus argumentos y los comprendemos como gente de mar que somos. Tú, una vez liberado de tu pesadilla, volverás a tu Icaria, a jugar con Ulises en tu isla rocosa. Pero nosotros seguiremos igual, con estos cuidadores de nuestra seguridad marítima, el sector productivo español que genera más siniestros, más heridos, más muertes. Ellos no nacieron para el mar, sino para dar órdenes despóticas desde un despacho kafkiano. No creo que vayan a la cárcel. Ni siquiera que los inhabiliten para ejercer su trabajo como asesores públicos. Seguirán con nosotros mientras tú digieres este calvario gallego que marcará tu vida.