EN LA UE, la Política Agraria Común organiza todos los productos de cierta importancia agrícola mediante las organizaciones comunes de mercado (OCM). Pero hay un alimento de gran producción para el que no se ha creado la correspondiente OCM: es la patata. Y no se ha hecho pese a las presiones sobre la Comisión Europea, porque es muy difícil de instrumentar desde el punto de vista técnico y gravoso desde el económico. Fuera de la UE, la patata se cultiva en exceso en Europa, principalmente en Hungría y Polonia; incluso en América es excedentaria. Ante esta situación, ¿qué puede hacer Galicia? Estamos en un mercado mundial, abierto. En su día, distintos consejeros de comunidades autónomas productoras pretendimos constituir una organización del mercado español; los cambios políticos y el descenso de la presión de los productores hicieron decaer el proyecto. Pero las soluciones han de ir por el camino que entonces aventurábamos: el de las medidas estructurales y a largo plazo. En primer lugar, orientar una parte del terreno hacia otros productos. En segundo lugar, reformar el sector con un enfoque integral: mejora del producto con su orientación hacia variedades de calidad; utilizar patata de secano, porque la de regadío sólo lleva a incrementar producciones con menor calidad, y mejora de la comercialización, creando un gran centro de recogida que aplique procesos de selección y envasado. Intensificar, por fin, la labor de la denominación de origen. Para paliar la crisis hay que intentar sacar al mercado la patata de forma inmediata, negociando con los grandes centros de distribución, para que se mueva el mercado. En A Limia, en concreto, los representantes sindicales del sector han orientado su reacción a la confrontación con la Xunta; en mi opinión, la subvención sólo debe aceptarse si se dirige a la mejora de la comercialización, porque de otro modo revertirá en nuevos aumentos de la producción que son pan para hoy y hambre para mañana. La patata debe seguir el mismo camino que los sectores de la leche o el vino.