HOY LAS MUSAS han pasao de mí y no se me ocurre nada. Sólo estupor y rabia, jurídica y democrática, ante lo afirmado en las comparecencias casi simultáneas de ambos dirigentes. Los dos se refugiaron en la nebulosa de suposiciones no probadas, de «pistas» y de hipotéticos contactos de Sadam con Al Qaeda. Irak, empobrecido y exhausto, no sería un peligro en sí mismo, sino por la posibilidad, que unilateralmente se le atribuye, de suministrar a innominadas organizaciones terroristas las armas químicas y bacteriológicas que no han encontrado en su poder los inspectores de la ONU. Ahí se centra, en palabras de Aznar, el riesgo que justifica el ataque. Sólo dos pinceladas animantes en el discurso del presidente: su cautela verbal de que nadie tiene el monopolio de la razón y su promesa de que, antes de que la agresión se produzca, volverá a la Cámara para que ésta debata lo que su Gobierno y/o Bush decidan hacer. Poca renta. Nuestra democracia y la internacional necesitan algo más que una manita de pintura .