Os abaixo firmantes

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EN LOS AÑOS de la transición, cuando la especie de los progres tuvo su mejor momento, mi amigo Julio Losada estableció una subcategoría de políticos divinos cuya característica esencial es la de hablar más de lo que hacen, poner muchos ejemplos de lo que pasa en Francia e Inglaterra, y concluir siempre que, si les dejasen hacer a ellos, todo iría mucho mejor. A ese especimen lo bautizó mi amigo Julio con el pomposo nombre de «abaixo firmantes», aún a sabiendas de que se trata de un calificativo polisémico en el que casi todos hemos entrado alguna vez. Y es el caso que, no más ver a Aznar y sus mariachis firmando un manifiesto de apoyo a la guerra privada de Bush, no pude evitar el recuerdo de que también a Berlusconi, Blair, Medgyessy, Miller, Rasmussen, Durão Barroso, Vaclav Havel - tu quoque, filii mihi !- y a nuestro presidente se les está poniendo cara de abaixo firmantes , y que ya nadie les puede librar de la categoría de los que se ganan el sueldo a la sombra de Bush, sin capacidad para mover un solo dedo al servicio de la paz y de los derechos humanos, o con la esperanza de alumbrar un orden internacional que abrace el consenso y las instituciones y rechace la ley del más fuerte. En algunos de estos halcones, como Berlusconi, Blair y Aznar, anida el estúpido intento de recuperar el poder de la UE en contra de la vieja Europa, como si el salto que acaban de dar Francia y Alemania fuese una ocurrencia oportunística, en vez de representar los valores y la experiencia de una emergente potencia que está abocada a crear su propia política exterior y su propia defensa. Para Europa es un suicidio tratar a todo su entorno social, económico y geográfico como un enjambre de potenciales enemigos. Lo que para Estados Unidos son países exóticos, caracterizados por sus grandes reservas y por su situación estratégica, para nosotros son los vecinos de al lado, eternos adversarios de una lucha por el poder, el comercio, la religión y la raza, que sólo puede terminar en una entente pactada que haga posible la colaboración pacífica y la relación justa y solidaria entre todos los pueblos mediterráneos y orientales. En otros casos, como el de Vaclav Havel, la firma en barbecho de esta declaración de guerra encubierta representa la quiebra de una trayectoria política ejemplar, que ahora termina en este episodio lamentable e indigno de su trayectoria. Por eso espero que Europa sepa diferenciar las trayectorias de sus dirigentes, con plena convicción de que los ocho «abaixo firmantes» constituyen el pelotón de los torpes de una cultura militarista y colonialista que hay que erradicar. Porque nunca fue tan evidente que la paz es posible.