YA LES conté que los programas electorales del presidente francés han pasado al acervo popular bajo la expresión «promesa de Chirac», que se dice cuando por demagogia se anuncian u ofrecen beneficios a sabiendas de que no se quieren o no se pueden conceder. Lejos de limitarse al actual presidente de la República Francesa, esta locución alcanzó valor universal; yo diría que hasta tiene efecto retroactivo e internacional: fueron promesas de Chirac las medidas socialistas que anunció Blair para desbancar a los conservadores en Gran Bretaña, y lo serán las razones humanitarias que arguyan los americanos para conseguir petróleo en cualquier parte del mundo. Promesas de Chirac cabales (y entonces estaban en el poder los socialistas) fueron las ofertas hechas a los bretones tras el hundimiento del Erika , con su prolongación odiosa, nefasta y repetida, la marea negra. Se sabe de memoria: hace tres años, un petrolero de un cuarto de siglo, de bandera maltesa, con quince mil toneladas de petróleo en las calas, se partió frente a las costas del Finisterre francés. Esta catástrofe ecológica superó con creces a la que dos decenios antes produjera el Amoco Cadiz , aunque se quedó chiquita ante la que hace meses asoló nuestras playas. Después de este desastre -hablo del Erika -, la muy oficial y seria Inspección General de Finanzas calculó en el 2000 que, solamente en el sector turístico, las pérdidas ocasionadas por el siniestro se elevaban a 460 millones de euros. Al Fipol (Fondo Internacional de Indemnización de las Pérdidas Provocadas por los Hidrocarburos), un organismo intergubernamental financiado por las sociedades petroleras, creado en 1992 y con sede en Londres, se le encargó compensar los estragos causados por los barcos cisterna. Hoteleros, mariscadores, perceberos, municipios, responsables de campings y todos los afectados en el área turística hubieron de hacer una declaración formal para ser analizada por los inspectores del Fipol y percibir una tardía compensación. La fecha límite para entregar las declaraciones se cumplió el 12 de diciembre pasado, y menos de un mes después ya se han hecho unas 380 denuncias ante los tribunales contra el Fipol por abuso de confianza y contra el Estado francés por complicidad en el abuso de confianza ; eso además de las acusaciones de fraude que llueven sobre el Fipol. La asociación ecologista Keep it blue no acepta el modo de calcular el monto de las indemnizaciones y explica cómo les han escamoteado 20 millones de euros, jugando con los cursos de cambio de la moneda en el tiempo comprendido entre el momento del accidente y el del anuncio de los resultados. En las fechas primeras los derechos de divisas especiales , el DTS (moneda virtual del Fondo Monetario Internacional), valía 10,01 francos, y en el momento final 8,9775. Es decir, una diferencia de 1,04 francos por cada DTS, lo que, ampliado a la suma total, arroja «una pérdida de 132.946.260 francos en detrimento de las víctimas del Erika ». Insisto en que estas cifras se refieren exclusivamente al sector turístico, y que el anuncio de las cantidades atribuidas se hizo hace un mes. El diario católico La Croix escribe que a las víctimas «no les queda más remedio que esperar y aceptar lo que proponga el Fipol o recurrir ante los tribunales». Al día de hoy, de las 6.639 peticiones de indemnización depositadas por las víctimas, han sido evaluadas 6.150 y rechazadas 689. En total, 5.054 se resolvieron de común acuerdo con una indemnización limitada entre 50 y el 80% de lo que el propio Fipol había estimado previamente, y hasta ahora sólo se ha entregado a los perjudicados 55,64 millones de euros; es decir, el 30% de la suma total prevista. En resumen, y para evitar decepciones a los damnificados, yo recordaría la frase que hizo célebre a un conocido y cínico político francés: «Las promesas sólo comprometen a los que se las creen».