Operación Ainhoa

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

ARNALDO, de excelente humor, salió a tomar los potes por la parte vieja de Donosti. Entró en su herriko-taberna favorita, pidió «un txacolí » y recibió el primer disgusto del día: «Os he dicho mil veces que no quiero pintxos de tortilla española ». En la sobremesa, Arnaldo enchufó la ETB, para deleitarse con algún certamen de levantamiento de piedras. Nada: la tele vasca sólo hablaba de las gestas de la Real en la Liga Española . Más tarde, entrevistaron a Iñaki Sáez, el vasco a cargo de la Selección... ¡ Española ! Arnaldo apagó la tele mosqueado y entró en el cuarto de su hijo. El rapaz escuchaba a Alex Ubago, el donostiarra número 1 en ventas en España. No sin dolor patriótico, Arnaldo percibió que el CD de Oskorri, que con tanto afecto le había regalado en Navidad, presentaba una gruesa capa de polvo. Arnaldo bajó a la sede del partido. Reinaba una algarabía inusual. Los camaradas aplaudían eufóricos frente a la tele ¿Qué ocurría?, ¿acaso Mayor Oreja había llegado otra vez tarde al Parlamento? No. La afición jaleaba a la vasca Ainhoa, vencedora en OT, ¡futura representante española en Eurovisión! Arnaldo, lívido, huyó y se subió al coche. Era un Citroen, fabricado en Vigo. En Radio Euskadi cantaba Sabina. ¿Vasco? No. De Jaén.