Suerte para Lula

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

RINCÓN DEL VIENTO

19 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

DE REGRESO de la llamada «Ruta del hambre», Lula dijo que había sufrido un impacto muy duro en el alma. Allá quedaban las hambres de Ceará, un Estado tan vasto como Francia, donde hace ya muchos años un obispo, Antonio Fragoso, había planteado una revolución por la dignificación de los oprimidos. Allá también Itinga, aislada y con miles de niños en la miseria absoluta, en Minas Xerais. Y tantos otros lugares y aldeas de esa ruta de vergüenza e insolidaridad. Que tengas suerte, Lula, que la vas a necesitar. Te imagino como al Aleijadinho , aquel indesmayable escultor cantado por Montanelli que, en Ouro Preto, también en Minas Xerais, labró colosales estatuas con un cincel atado con cuerdas a su mano izquierda. Con la diestra golpeaba y golpeaba con tesón en el difícil equilibrio de su andamio. Sus figuras aún perduran. Que tengas la misma suerte, Lula, ahora que Brasil ansía, como escribió poéticamente Almeida Garrett, «alva tocha de luz» y no de nuevo «negro tiçâo de labareda e fumo».