¡Que hagan política ellos!

OPINIÓN

15 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A VECES me gustaría ser alemán, o francés, y tener la sensación de vivir en un país que, en medio de algunos errores y no pocas contradicciones, tiene vocación de locomotora y no de vagón restaurante. El martes, por ejemplo, mientras aquí se debatían las intrigas de Orza, las ambiciones de Cuiña o la crisis de Fraga, y mientras en Madrid seguían incrementando penas y proyectando cárceles para la primera potencia penal de Europa, en París se reunían Chirac y Schröder y hablaban de Europa y del mundo de una forma que nos reconcilia con la política y con algunos capítulos de nuestra historia. Lo primero que hicieron fue un auto de afirmación que, vista la caterva de líderes menores que pulula por Europa, les convierte en el núcleo duro de la UE. Ellos saben a dónde quieren llegar, y los ciudadanos de sus países son conscientes de lo que se están jugando en el envite, y por eso vienen a decirnos que no le van a dar cancha a los que sólo acuden al fuego de Europa a calentarse, y que están dispuestos a establecer todas las velocidades que sean necesarias para que el proyecto de Europa no embarranque en el oportunismo de Blair, en el furor americanista de Aznar, en la volatilidad de Berlusconi o en la onfalatría nacional de los que ven la UE como una administración de loterías. Lo segunda decisión -¡que gustazo!- fue la de pararle los pies a Bush. Porque, aunque ya es tarde para convertir la guerra preventiva en un bellum interruptum , todo apunta a que el neoimperialismo yanqui acaba de morder en hueso, y que estamos ante el último episodio de un proceso en el que Europa contrataba su defensa a los americanos a cambio de renunciar a toda intervención sobre el diseño del mundo y sobre la ley y la fuerza que deben garantizarnos la solidaridad y la paz. En tercer lugar pusieron sobre la mesa las presidencias europeas del Consejo y de la Comisión, y la inevitable creación de un comisario de Asuntos Exteriores -¡ya era hora!- para una política común. Se trata de evitar que cada líder juegue por libre a ganar una palmadita de Bush, o que regresen a Europa presumiendo de poner los piés sobre la mesita de Camp David. Dicho lo cual, piensen ustedes el lugar que nos queda a nosotros en la política que viene. En Europa nos hemos apartado de Alemania para hacerle el juego a las incertidumbres de Blair. En el mundo nos hemos rendido a Bush antes de que se iniciase la guerra. Y en el interior hemos abrazado un modelo regresivo que pone los pelos de punta. Quizá tenga razón Aznar en que España va bastante bien. Pero que nadie se engañe: en la política y en la economía, sólo va bien lo que importamos de Europa. Lo demás, ¡unha peniña!