Fosas

La Voz

OPINIÓN

BENIGNO PRADO

12 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS fosas comunes van apareciendo y multiplicándose a lo largo y lo ancho de España. No podía ser menos, incluso en una época que ya sólo sabe de las masacres de la antigua Yugoslavia, África o las Torres Gemelas. Cuando las cosas no se hacen bien ni siquiera cuando ya no pasa nada si se hacen, ocurre lo que está ocurriendo. Los descendientes de las horrendas limpiezas de la Guerra Civil, siempre con mayúsculas, se ven obligados a acudir a organismos internacionales para que se inste al Gobierno español a dar cristiana sepultura a los paseados que se quedaron en la cuneta y allí continúan, casi 70 años después. El último caso, en la prensa de ayer, es el de Rábano de Sanabria, casi casi terra irredenta nuestra. Lo de la cristiana sepultura viene muy a cuento en un país de arraigada cultura cristiana -católica para ser más exactos-, incluso si alguno de los inmolados era ateo. ¿Y en Galicia? Milagrosamente aquí no se hablado, todavía, de esqueletos de los arrastrados a las claudias. ¿Quizá porque en el bando vencedor hacían cabalgar al Apóstol, como se acostumbró hacer desde la invención de su sepulcro? ¿O porque, según otra tradición, los muertos siguen inscritos en el censo electoral?