ASÍ REZA una expresión del Sur de España para saludar la llegada de un nuevo hijo a la familia, pero ¿y si no tienen casa? Si transformamos la sentencia en pregunta quizás encontremos alguna clave para explicar la baja natalidad en nuestro país. Existe en España un problema muy grave de retraso de emancipación de los jóvenes. En efecto, el proyecto de independencia de las nuevas generaciones se dilata en el tiempo y con él, la nupcialidad y la natalidad, típicamente asociadas en nuestra cultura a eso que llamamos «fundar un hogar». Nuestros jóvenes tienen dificultades para entrar al mercado de trabajo y, sobre todo, para permanecer en el mismo, e igualmente les resulta extraordinariamente costoso acceder a una vivienda. De esta situación se deriva que, eso que tradicionalmente se hacía entre los 20 y los 30 años (casarse, tener el primer hijo) se haya retrasado ahora de forma muy notable. Algunas cifras: según un estudio del Instituto Nacional de Estadística del año 2001, la tardanza media de los jóvenes en encontrar un empleo significativo es de 28 meses. La edad media del primer matrimonio es en Galicia de 29,6 años para los varones y de 27,5 años para las mujeres. La edad media de la maternidad en Galicia se sitúa en 30,35 años. Todos estos datos remiten a un hecho de fácil interpretación; si el acceso al trabajo y la vivienda se retrasan, los proyectos familiares también. El problema no es sólo una ausencia de nacimientos sino también la falta o retraso de proyectos de vida. La cuestión a resolver no consiste únicamente en proporcionar ayudas a la maternidad (dicho sea de paso, son todavía parciales, escasas y claramente insuficientes) sino de asumir una política decidida de apoyo a la independencia de los jóvenes, fundamentada en dos pilares básicos: acceso a la vivienda y empleos más estables. Podrán ustedes decirme que los medios de comunicación saludan el nuevo año con la noticia del crecimiento de la natalidad. Efectivamente, en España (que no en Galicia) el índice de fecundidad se ha situado en su nivel más alto desde el año 1993, pero este aumento en el número de nacimientos se debe a las inmigrantes, que mantienen tasas de fecundidad más altas que las de las mujeres nacionales. Aunque el INE titule con un enfático ¡Más niños! su informe sobre fecundidad en España, conviene no levantar las campanas al vuelo ya que, según muestran distintos estudios en países con mayor tradición migratoria, las mujeres inmigrantes adoptan rápidamente las pautas de fecundidad del país de destino. En cualquier caso, y de cara a plantear medidas para el nuevo año, mi propuesta es que el año 2003 sea el año de un mejor y más fácil acceso a la vivienda, el trabajo y la ciudadanía, para que los niños, procedan de donde procedan... a su casa vengan.