CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
11 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.BRASIL es el puño del pan de azúcar, el azúcar tostado de los cuerpos en Ipanema, el Cristo Redentor del Corcovado. Brasil es la samba del fútbol, el gol de la música y el vértigo del baile. Brasil es un sueño, pero es también una pesadilla. En Brasil hay niños y ancianos que pasan hambre. Brasil es el látigo del esclavismo en las haciendas. Brasil es violencia, el atraco del robo. Brasil es ahora Lula. El presidente ha dicho que paz y amor, bonito propósito, ha dicho que desayuno, comida y cena para todos. Es cierto que los humanos, con el estómago lleno, con paz y con amor, vamos más que servidos. ¿No será esa la ecuación de la felicidad? El presidente ha cambiado la factura de unos helicópteros para matar por otros fines que no sean la muerte. Brasil quiere estar en guerra contra el hambre, contra los estómagos vacíos. El presidente entregará títulos de propiedad a los que viven en las favelas. El presidente mandará a los militares a construir carreteras. Que no sea el humo que ciega del populismo. ¿Imaginación al poder? Ojalá. No sólo la necesita Brasil. La necesitamos todos, porque con ganar mundiales no llega. Eso sólo es el confeti para hoy y hambre para la resaca. Si Lula triunfa, triunfamos todos. Más que nunca con la canarinha, amarilla de sol y verde de esperanza.