Bush

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

10 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Basta observar como mueve las manos, semicerradas y levemente giradas, a la altura de la cintura. Es como si no quisieran alejarse de dos revólveres enfundados y listos para disparar. No es el Gary Cooper de Sólo ante el peligro , ni siquiera el Alan Ladd de Raíces profundas , ni por supuesto el tosco John Wayne de Centauros del desierto , pero le gustaría parecerse. En realidad, algunas de sus frases se dirían arrancadas de estos filmes. Y desde luego la forma maniquea de ver el mundo no queda muy lejos. Porque Bush, a pesar de todos los pesares, también es el bueno. Ese bueno que jamás cuenta el número de los indios que mata porque en el fondo ni siquiera los considera un número, y menos aún unos condenados de la tierra. Nada. Sólo el Mal. Cada vez que escucho una burla contra él pienso en lo fácil que es ahora reírse de los protagonistas de aquellas viejas películas. Eran demasiado desconsiderados como héroes para nuestro gusto de hoy. Pero Bush, a su modo (a veces ridículo), es uno de ellos. Es el capataz de La pradera sin ley , aquel que encarnó Kirk Douglas. Con la diferencia de que ahora la pradera es el mundo. Pero con las mismas razones para que en ella reine el orden bushiano, nueva versión de la pax americana.