CON RESPECTO al problema del Prestige, Zapatero ha dicho que «el modelo del PP de menos Estado y más sociedad ha fracasado». La política de sus palabras y la razón de su criterio le han turbado, en mi opinión, el juicio al secretario general del PSOE. Porque lo ocurrido en Galicia es justamente que de Estado, menos, y de sociedad, más. Si algo está claro en el incidente del Prestige es que la sociedad le está sacando las castañas del fuego al Estado. Otra cosa es que el modelo del PP sea precisamente ese y de tal manera. Fuera de la política puramente mostrenca, se buscan modos en los que la sociedad encauce su natural tendencia a la libertad, restringiendo la tendencia -no menos natural- del Estado a devorar al individuo cuya suma, algo caótica, da lugar a la sociedad. Por otro lado, la sociedad nunca promete nada, porque es conservadora. El Estado, por el contrario, pasa por progresista en cuanto lo promete todo, el futuro e incluso la utopía. La sociedad no tiene que inventarse papel alguno, porque es el argumento de la obra: crecer y reproducirse. El Estado necesita inventar su papel continuamente; es un personaje en la busca incesante de un autor. Y, como todo personaje más o menos en escena, recurre a unas máscaras cuyas coartadas suelen ser la ley y el orden. La sociedad es un personaje que habla, de vez en cuando, y, de vez en cuando, escucha, porque lo que en realidad la ocupa, la acción que desarrolla su personaje es justamente hacer, hacer cosas, buscarse la vida. El Estado es un personaje hecho discurso. El Estado es un discurso. Pero que el Estado sea un discurso no significa que sepa lo que dice. Y eso sí que es el fracaso del Gobierno del PP respecto al problema del Prestige : que no sabe lo que dice. Claro que tampoco se puede decir que Camilo Nogueira sepa lo que dice cuando se refiere -hablando del Prestige - a unas «fuerzas políticas y sociales gallegas no enfeudadas con el poder del Estado». Yo veo difícil hablar de enfeudamiento del poder del Estado cuando a ese poder no se accede por exámenes, oposiciones, herencia ni cosa parecida, sino mediante unas elecciones en las que el electorado asigna cuotas mayoritarias o minoritarias de poder. De tan escéptico repaso a lo que dicen puede deducirse que Zapatero no sabe muy bien o no acierta a hacerse una idea de lo que pasa, mientras que Aznar ignora cómo pasa lo que pasa, al tiempo que Nogueira se confunde en cuanto al paso del feudalismo y los pasos de la democracia. Y así pasa lo que pasa. Ahora, bien, ¿qué pasa? Pues da la impresión de que en este siempre enorme teatro del mundo, el Estado se va, poco a poco, convirtiendo en la escenografía de la obra cuya acción corresponde a la sociedad. Y ésta, la sociedad, es como aquellas cuadrillas de actores vagabundos del teatro de la legua, que actuaban donde fuese sin que les importara un bledo el decorado, la escenografía, pues sabían actuar sin un accesorio que, además, puede salir carísimo si se pretende con efectos especiales. Y, así, el Estado se encamina por los pasos seguidos por la Iglesia, que está ahí, pero no afecta en gran medida a la vida cotidiana. La sociedad española es católica. Se nota en que abundan los matrimonios por la Iglesia y las primeras comuniones. ¿En algo más? No.